Julia Navarro
El PP tiene un problema
Las elecciones aragonesas parecen marcar un punto de inflexión en el panorama político nacional que no solo augura un cataclismo en el PSOE, sino que señala sin asomo alguno de duda a un Partido Popular que comete un error cada vez que toma una decisión. En este caso, adelantó el calendario electoral convencido de que su triunfo en los comicios territoriales mejoraría el anterior y sepultaría al enemigo a su izquierda con carácter definitivo. En efecto, el triunfo de Jorge Azcón ha barrido a un partido socialista que ya no es otra cosa que una caricatura aviesa de lo que ha sido, pero sus estrategas no han calculado nada bien lo que tenía a su derecha. Y lo que tenía a su derecha ha doblado su número de escaños y las urnas, en lugar de mejorar los números de 2023, le han quitado dos escaños. Azcón se verá en la necesidad de depender más aún de Vox si quiere gobernar, y tiene como referencia lo ocurrido en Extremadura, donde el PSOE también se hizo añicos con una pérdida de diez escaños, pero la ganadora de los comicios, María Guardiola, todavía está negociando su presidencia a pesar de ganar un escaño con respecto a la anterior convocatoria. Vox creció seis, y le ha puesto la renovación tan cara que no parece fácil que la disputa se resuelva al menos por el momento.
Toda esta situación, que adquiere condiciones más alarmantes a cada comicio que se celebra, no es otra cosa que el resultado de un disparatado pulso político entre los dos grandes partidos cuya culpa principal es evidente que recae en quien gobierna y ha destrozado y pervertido todo lo que le ha salido al paso. Pero acusa también al primer partido de la oposición, que no ha podido ni ha sabido establecer un perfil propio, no ha transmitido una imagen de serenidad y autoridad constitucional, ni ha ofrecido al electorado un programa convincente y lo suficientemente sólido como para ahuyentar las dudas. Sus rostros más cotidianos transmiten un nivel de mediocridad inquietante y la planificación con la vista en el día que toque asumir la máxima representación ni está ni se la espera. Y en ese punto ha irrumpido Vox y lo hace conquistando segmentos de población que, paradójicamente, nunca debieron pertenecerle. Socialistas defraudados, centro derecha abúlico y sobre todo, muchos jóvenes y muchos obreros. No es fácil de creer pero es cierto.
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