Julia Navarro
Madres, padres
Hay que ser de cartón piedra para no estremecerse ante las imágenes que nos llegan de Ceuta. Miles de personas vagando por la calles de la ciudad autónoma y niños pequeños abandonados a su suerte, parten el alma. No se puede dudar: hay que atenderles y ni por un segundo olvidar la dignidad de cada uno de ellos.
Esta situación es el resultado del ataque a nuestra soberanía, según declaró el mismísimo Presidente del Gobierno, por parte de Marruecos. De manera incomprensible no ha habido miembro del Ejecutivo que no haya alabado la actuación del complicado y poco fiable vecino pero no ha habido la menor contención a la hora de criticar al presidente de Ceuta, hasta el punto de que a la ministra de Sanidad le ha dolido que no haya puesto a disposición lugares para acoger a los migrantes. Le ha dolido a Mónica García la actitud de Vivas. Ver para creer.
El problema político es de tal dimensión que no hay que dedicar mucho tiempo a algunas extravagancias. Cuando lo que está en peligro son nuestras fronteras, cuando se nos dijo que ni una sola persona que formó parte de la avalancha se iba a quedar en España y cuando, para rematar la cuestión, se nos dice que se estaba en contacto con Marruecos para acordar el regreso de sus nacionales, incluidos los niños, todo esto ha resultado ser una tomadura de pelo al conjunto de los españoles y eso sí que duele. Duele tanto como las penurias de esos miles de personas que llegan a España pensando que nuestro país es un paraíso. Al lado de Marruecos, sin duda lo es.
Han pasado tres semanas y resulta difícil no pensar que hubiera pasado si en su momento se hubieran hecho caso a las sucesivas advertencias del propio Vivas después de que a Ceuta llegaran un elevado número de migrantes. No se le hizo caso ni a él ni a las informaciones que, con toda seguridad, tenían los servicios de inteligencia españoles. ¿Cómo Marruecos, con lo buen vecino que es, iba a permitir semejante avalancha?
Han pasado tres semanas y el panorama es desolador. Nos han engañado, todavía no se sabe con exactitud cuántos migrantes hay en Ceuta, nos hablan de recintos para acogimientos temporales. Los ministros han ido de uno en uno y todos dicen haber estado desde el primer momento y así suma y sigue.
La situación humanitaria no es fácil de gestionar. Nunca lo ha sido pero hay que gestionarla pero también hay que ser realistas. Alguien nos tendrá que decir que se va a hacer con las niñas y adolescentes, que hay muchas, cuando al cumplir 18 años se les vuelva a poner en la calle. Alguien nos tendrá que decir que se va a hacer con esos niños que al parecer Marruecos ha reclamado. De momento lo que vemos es que a los migrantes se les traslada de un sitio a otro y seguimos sin saber quienes son porque no hay funcionarios suficientes para la filiación tanto de adultos como de menores.
Si se hubieran atendido las llamadas de socorro del señor Vivas y de la misma se hubiera establecido el contacto al más alto nivel con Marruecos, la situación hubiera sido bien distinta pero a Mohamed mejor no molestarle, hasta el punto de que debe ser Europa quien le llame la atención.¿Cómo le va a llamar la atención si el país agredido que es España afirma que es un socio fiable?. Es España quien tiene que denunciar los desmanes del país vecino pero no lo hará.
Ni el Gobierno dirá una palabra más alta que otra a Mohamed y lo que hoy se denominan espacios temporales se convertirán en permanentes.
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