Nemesio Rodríguez Lois
Nicaragua: ¿cuándo caerá el último gorila?
El pasado 7 de agosto Abelardo de la Espriella juró su cargo como nuevo presidente de Colombia.
Todo un acontecimiento que se vio enriquecido por la presencia del rey Felipe VI, así como de importantes jefes de estado de Hispanoamérica.
Todo un acontecimiento que muchos analistas interpretan como la consolidación de regímenes defensores de la familia y amigos de la libre empresa. Y es que, antes que Abelardo, también llegaron al poder Keiko Fujimori en Perú y José Antonio Kast en Chile.
Todo parece indicar que la época de los gorilas de izquierda como lo fueron Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, así como Evo Morales en Bolivia ha quedado definitivamente clausurada.
Un futuro prometedor se presenta para Hispanoamérica.
Sin embargo, como residuos infecciosos de la pasada epidemia populista, aún quedan residuos como es el caso de quien puede ser catalogado como el último gorila de nuestros tiempos: Daniel Ortega, presidente de Nicaragua.
Dicho sujeto, que había sido uno de los jefes de la revolución sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza en julio de 1979, llegó por segunda vez al poder en 2006 mediante unas elecciones libres.
Desde entonces está en el poder. En 2014 modificó la Constitución para permitir tanto su reelección indefinida como el que pudiese decretar leyes sin que éstas pasaran antes por el Congreso.
Ahora bien, lo que distingue a Ortega de otros dictadores de su calaña es que, conforme el tiempo pasa, se ha vuelto más autoritario, cínico e irracional.
Un sujeto que ha reprimido de manera sanguinaria a sus opositores, que ha expulsado a los disidentes despojándoles de sus propiedades y nacionalidad, que ha perseguido a la Iglesia Católica, que ha hostigado a los medios de comunicación y periodistas independientes.
Todo aquel que en Nicaragua se atreva a criticar al régimen es acusado de ser agente extranjero, traidor a la patria, criminal y con muchas posibilidades de ser juzgado para condenarlo a muerte.
A su esposa Rosario Murillo la hizo primero vicepresidente y luego copresidenta. Como podemos observar, todo queda en familia. ¡El colmo del nepotismo!
Monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa fue detenido en 2022 y condenado a 26 años de prisión por “traición a la patria”. Finalmente fue desterrado y despojado de su nacionalidad.
Sergio Ramírez, ganador en España del “Premio Cervantes” y sandinista de la primera época, fue privado también de su nacionalidad al mismo tiempo que su casa y biblioteca eran confiscadas.
Y para rematar: Hace algunas semanas, Ortega (81 años de edad) declaró públicamente que no volvería a haber elecciones ya que, según él, si éstas se celebrasen sus opositores podrían tomar el poder.
Todo esto es el colmo del cinismo en grado superlativo ya que incluso el régimen comunista cubano celebra elecciones, aunque estas, al ser manipuladas, no sean democráticas.
La actitud desvergonzada de quien sin lugar a dudas es ya el último gorila en Hispanoamérica da testimonio de un delincuente acorralado que siente pasos en la azotea y que no las tiene todas consigo porque, en el momento menos pensado, pudiera perder no solamente el poder sino incluso hasta la vida.
Todo depende de que tan fieles le sean los milicianos que lo sostienen…
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