Política exterior

Publicado: 13 mar 2026 - 01:30
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Desde mis tiempos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, llevo preguntando a los que saben, quien lleva realmente las bridas de la política exterior de España, una pregunta que también me hago con frecuencia a mi mismo en la sospecha permanente de que, desde nuestra desastrosa participación en el Congreso de Viena entre 1814 y 1815, con un representante llamado Pedro Gómez de Labrador tan pretencioso como majadero al que se la metieron doblada, las relaciones internacionales no han sido precisamente nuestra materia más acertada. La respuesta que parece más justa es la de suponer que, en general, termina siendo el presidente del Gobierno el que, cansado de que en su casa le monten colectivos descontentos y oposición iracunda y maledicente un poyo diario, suele tomar el olivo y marcharse al exterior dejando en su país a un cuerpo de guardia curtido y dispuesto a partirse la cara en aras de la causa mientras él pasea su figura garbosa por los foros internacionales sin que lo atosiguen, lo presionen y se convierta en el payaso de todas las bofetadas.

No debería ser mala solución encomendar al rey Felipe algunas de las misiones en el exterior que tengan mayor influjo en el futuro. El rey es un tipo despejado y despierto, culto y políglota, respetado por el mundo adelante y poseedor de un discurso pausado y rico en transigencia que en estos días de tribulación puede aproximarse positivamente a las atribuciones de un bálsamo. Felipe tiene amigos de verdad fuera del país con los que cambiar impresiones, y posee autoridad suficiente para que le hagan caso. El problema probablemente es que el presidente Sánchez no se fía de él porque no desea fiarse de la Corona, tiene que contentar a los republicanos que lo sostienen en el Gobierno y además le ha tomado gusto a la gestión exterior, mucho más gratificante que la dura brega parlamentaria con socios que lo atosigan y oposición que suele llevarlo a las maromas. El miércoles, el rey se vio con María Corina Machado y sospecho que a Pedro no le hizo mucha gracia. El que produce cierta conmiseración es Albares, que ha pasado de ministro de Exteriores a ayudante de campo o lo que es lo mismo, el que lleva los portafolios. O el botones.

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