José Teo Andrés
160 kilómetros al norte y al sur
Se preguntará usted cómo es posible que, con la que está cayendo en el mundo mundial, con el panorama judicial y político que tenemos en casa, un periodista que pretende ser serio y reflejar de la manera más adecuada posible la realidad pueda dedicar una columna como esta a un tema como este: la baliza V16. Pues se lo dedico, sí, porque me parece que el caótico trayecto de la baliza ya famosa, pero aún no implantada en los techos de la mayoría de nuestros vehículos, muestra suficientemente una situación de hecho. Y ¿no es una forma de periodismo fijarse en los detalles como metáfora de lo que está ocurriendo a más amplia escala?
Qué quiere usted que le diga: amanecimos con el año bajo la advertencia de que, de no tener lista la V16, que suena a medicamento, en nuestro coche en caso de avería u otra incidencia, seríamos inmediatamente multados con el rigor que muestra siempre esa DGT dirigida desde tiempo inmemorial por don Pere Navarro, personaje singular donde los haya. Pero este jueves, al ofrecer las estadísticas de muertes en carretera durante el año pasado -35 menos, anunciaron ufanos-, el ministro del Interior y superior del señor Navarro, Fernando Grande-Marlaska, rebajó presiones y amenazas: no habrá multas por no llevar la baliza "en un período razonable". ¿Un mes, dos, tres? El ministro no lo detalló. Toma seguridad jurídica.
Y ya digo: este giro en la voluntad sancionadora de nuestro Gobierno es una muestra de muchas cosas. De cómo primero se multa y luego se pregunta si, por ejemplo, es posible proveerse de la baliza en todos los establecimientos; de cómo aquí jamás se habla, ante de adoptar medidas draconianas, con los que de verdad saben y con los afectados por la medida que sea; de si es realmente útil la puñetera baliza o es un elemento confiscatorio más de los muchos que se utilizan para imponer gravámenes al ciudadano y poder así llegar a un superávit récord en los ingresos del Gobierno, digo del Estado.¿Por qué ningún otro país razonablemente bien ordenado la utiliza y menos aún la impone?
Y finalmente, ¿cuánto tiene que ver que nos encontremos inmersos en un período electoral (por el momento autonómico) a la hora de aplazar unas sanciones que ciertamente iban a ser impopulares y bastante cabreantes para el personal? Pues que eso, el dilatorio anuncio del ministro, ocurra el mismo día en el que Oriol Junqueras penetra el umbral de La Moncloa para salir de allí con la promesa de cinco mil millones de euros para Cataluña, obtenidos con nuestros impuestos, no deja de ser un síntoma más de desgobierno. Lo digo porque todos saben que esa promesa de Sánchez al líder de Esquerra va a ser, Consejo de Política Fiscal y Financiera y Congreso de los Diputados mediante, imposible de cumplir. Cosa que tanto Junqueras como Pedro Sánchez saben, y nos da una idea de la insoportable levedad de nuestro entramado gubernativo: todo es apariencia, mucho humo. Y perdón por mezclar balizas churras con merinas financieras, pero así estamos: embarullados.
Un Gobierno ha de ser previsible, equitativo, cumplidor y no solo prometedor, veraz y no adaptando su verdad a las circunstancias y conveniencias. El ciudadano tiene que saber que lo que se les ordena y recauda es razonable y motivado. Y consensuado con el criterio de esa ciudadanía. Y me parece que el caso V16, que tanto revolucionó a los millones de conductores que en este país se sienten explotados y algo maltratados por el ocurrente rigor del señor Navarro, es una buena demostración de un (des)funcionamiento gubernamental.
Luego, si acaso, ya vienen los Ábalos, las Delcys y tantas otras cosas de las que vamos a tener sobrada oportunidad de ocuparnos en los meses, tremendos informativamente, que nos vienen. ¿Cómo, así las cosas, quieren que me tome en serio a la vicepresidenta Montero explicando su `revolucionaria` maquinaria para reparar una financiación autonómica que no tiene solución, pero que ella espera que le arregle lo suyo en las urnas andaluzas, que es lo que verdaderamente importa? En fin, atengámonos a un "período razonable", sea este el que sea, para que se solucionen tantas, tantas cosas que nos tienen tan, tan quemados.
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