Óscar, Pedro y los trenes

Publicado: 27 ene 2026 - 02:00
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Con muy malos augurios -pésimos- se inició 2026 para los españoles.

Los accidentes ferroviarios que tuvieron como escenario tierras andaluzas y catalanas no solamente han enlutado los hogares donde hubo muertos, sino que han conmocionado a toda la nación.

Terrible impacto produjo la situación de aquella niña de seis años que perdió a cuatro miembros de su familia (sus padres, un hermano y un primo) quien, por su poca edad, aún no toma conciencia de la magnitud de la tragedia pero que, conforme vaya pasando el tiempo, se irá dando cuenta de que le han cambiado la vida.

Y es que 43 muertos y más de 150 heridos en Adamuz, así como uno y varios lesionados cerca de Barcelona no es algo que deba tomarse a la ligera.

Aunque solamente hubiera habido un muerto, eso significa que -a partir del accidente- habrá una falta en la familia. Alguien que ya no estará presente para dar no solamente el necesario sustento sino también el cariño tan necesario dentro del hogar.

¿Y qué decir de los heridos? Cuando se les menciona como si fuesen simples números, quienes así proceden no se detienen a reflexionar que clase de heridos son los que se han salvado de la muerto; muchos de ellos -quizás encadenados de por vida a una silla de ruedas o quizás ciegos y mancos-verán como no volverán a ser los mismos.

Durante décadas, el sistema ferroviario español gozó de la justa fama de ser uno de los mejores del mundo.

A partir de la tragedia ocurrida durante la segunda quincena del primer mes del año, España se rebaja al nivel de un miserable país del Tercer Mundo como pudiera serlo alguno de Asia o Africa.

Es aquí donde, con la finalidad de evitar que tragedias como ésta vuelvan a repetirse, que se impone señalas a los responsables.

Con ello no se busca una vil venganza ni tampoco politizar la tragedia, lo que se pretende es eliminar las causas para que no vuelva a pasar lo mismo.

Por lo pronto -y esto nadie podrá negarlo- todo apunta a que el principal responsable es Oscar Puente, ministro de Transportes, quien se jactaba de que las comunicaciones ferroviarias eran las mejores entre las mejores.

Lástima que se haya encogido de hombros cuando 22 maquinistas presentaron sus quejas por escrito denunciando el lamentable estado en que se hallaban las vías férreas del sitio donde ocurrió el desastre.

Aquí lo que impone el más elemental sentido de justicia es que Oscar Puente renuncie a su cargo, que se ponga a disposición de un juez y que entregue su pasaporte.

No obstante, todo mundo sabe que, tanto Oscar Puente como ministros que le acompañan, no se mandan solos. Todos ellos tienen un jefe llamado Pedro Sánchez.

Un Pedro Sánchez que se aferra al poder con la misma desesperación con que lo hace un náufrago a una tabla de salvación.

Un Pedro Sánchez lleno de soberbia y terquedad que -a pesar de tener en contra a la mayoría de los españoles- se resiste a convocar elecciones pues sabe muy bien que si lo hiciera y las perdiese muy pronto tendría el mismo destino de tienen Ávalos y Koldo.

¿Para qué sirve un presidente de gobierno sino no es para atender las necesidades de su pueblo y tratar de remediar cuanto antes sus necesidades?

Un Pedro Sánchez que jamás ganó una elección general y que si aún reside en la Moncloa es debido tanto a su capacidad de mentir como a las alianzas contra natura hechas con los separatistas enemigos de España.

Padecemos tiempos de falsedad, locura, soberbia y terquedad.

Quiera Dios que muy pronto cambie la situación y todo se remedie.

Y es que los españoles, con todos sus defectos, son merecedores de una mejor suerte.

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