José Teo Andrés
Puerto nodal
En cada esquina de la calle hay pequeñas tiendas. En todas las calles de esta ciudad. Pequeñas tiendas de empeños. Te compran oro. Todo el oro que puedas reunir en tus bolsillos rotos. Lo compran a la máxima tasación. Tasan también la sangre que corre por tus venas. Tasan la pérdida de oro que experimentas cuando sueñas. Compran plata. Toda la plata usada que tengas bajo la alfombra. También el oro roto. Porque el oro está por las nubes y vale tanto en estado sólido, líquido o gaseoso. Compran monedas antiguas de monarquías y dictaduras pasadas. Compran tus relojes de oro que nunca han dado la hora. Puedes empeñar los azulejos azules de tu piso. Puedes empeñar tus discos, tus hijos y tu pantalla plana. Puedes empeñar tu alma. Te han hecho creer que el oro es más valioso que el pan o la tierra que pisas. Porque si respiras oro en estado gaseoso te harás inmortal. Todo esto de la compra de oro roto y la plata usada suena a épocas ya conocidas. Momentos de crisis económica intensa, postguerra y gente desesperada. Gente desesperada corriendo de aquí para allá. Vendiendo sus dientes de oro.
Emmanuel Rueda Girondo (Vigo)
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