Oigan, salven la democracia española ya

Publicado: 10 feb 2026 - 03:15
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Toda elección supone una lección. Para los que la quieran entender, claro. Los discursos que he escuchado tras los resultados en Aragón, toda una patada al bipartidismo y, en el fondo, al sistema, hacen pensar que nuestros representantes no han entendido el mensaje de las urnas, que es el segundo aviso tras Extremadura y el anticipo de lo que ocurrirá, muy presumiblemente, en Castilla y León dentro de un mes. Limitarse a hablar de derecha e izquierda, a estas alturas, es un error, creo. Más bien sucede que nuestros planteamientos democráticos tradicionales, el juego leal Gobierno-oposición, el sistema de control y todo eso, está saltando por los aires.

De acuerdo: el PP no despega lo bastante como para despegarse, valga la redundancia, de Vox; el PSOE, tal y como está, va tomando rumbo a ser el PS francés o incluso el italiano, por mucho que Pedro Sánchez se empeñe en salir a la palestra para mostrarse animoso y repetir que en 2027 seguirá siendo, en palabras de un ministro lenguaraz que ya no debería estar ahí, 'el puto amo'.

Si nuestras fuerzas políticas, las dos mayoritarias y sus respectivos satélites/rivales/lastres, no entienden que muestra normativa electoral lleva intrínseca la imposibilidad de formar gobiernos coherentes, estables, productivos, vigilados y controlados por las restantes fuerzas no ganadoras, no han entendido nada. O peor: sí que lo entienden, que es preciso modificar (entre otras cosas) la legislación electoral, digo, pero no lo ponen en práctica por pereza, por falta de imaginación, de valor, de patriotismo. Por sus intereses, en suma, que no son los de la ciudadanía.

Y, así, los titulares esperpénticos, surrealistas, que han seguido a la noche electoral aragonesa: el PP pierde ganando, el PSOE 'solamente' se ha hundido un poco, los partidos pequeños no sirven para sus funciones de complemento y/o crítica de sus mayores, Aragón agrava el hundimiento de Sánchez pero Feijoo no prueba que pueda gobernar en solitario, etcétera.

Seguir con esta política testicular de 'sostenella y no enmendalla', perpetuar el duelo a garrotazos en todo y siempre, mantener el horizonte limitado a durar, durar y durar hasta 2027 y luego, a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga, es, simplemente, suicida para una democracia. Y para un país que amaneció este lunes medio paralizado por una huelga ferroviaria que aún no había podido cancelar el inoperante Ministerio de Transportes: una muestra de que nuestra antigua alta velocidad se va, no solo metafóricamente, ralentizando.

Es el nuestro un país que me parece que no entiende nada de lo que está sucediendo. Un gran país bastante mal representado por unos y por otros --sobre todo por unos--, y de ahí esos resultados electorales que suponen ganancia solamente para la formación a la que nadie quiere y todos -menos quienes los votan, por supuesto-temen. O sea, ese Vox que crece porque, a la gente harta, le habla de ruptura, de hacer otras cosas nuevas y, a mi juicio, inconvenientes: pero eso, al parecer pequeños detalles, no es, da la impresión, lo que se discute ahora.

Buena ocasión para repetir hoy que solamente un gran pacto nacional, unos pactos de La Moncloa edición 2026, incluyendo una reforma constitucional que implique también un cambio en el sistema electoral, nos colocará en el lugar del podio del que nunca deberíamos habernos bajado. Fiarlo todo, a estas alturas, a los polvorientos conejos que puedan habitar en la chistera presidencial es, simplemente, una locura. Salven de una vez esta democracia zarandeada, que, elección tras elección, nos dice 'no es eso, no es eso'.

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