Fernando Ramos
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Las recientes declaraciones del canciller alemán Friedrich Merz, quien afirmó que “el Estado del bienestar que tenemos hoy ya no se puede financiar con lo que producimos en la economía”, han sacudido Europa. En paralelo, Emmanuel Macron advirtió sobre “el fin de la abundancia” hace unos años, señalando el agotamiento de recursos y liquidez ilimitada, un mensaje que resuena con fuerza ante la crisis energética y climática actual.
Estas voces desde las potencias vecinas alertan sobre un modelo social insostenible, agravado por el envejecimiento poblacional, el gasto en defensa y la migración descontrolada, que en Alemania superó los 47.000 millones de euros en prestaciones el año pasado. En España, con una deuda pública creciente y pensiones bajo presión, ignorar estas señales sería irresponsable; urge una reforma profunda para equilibrar protección social con competitividad económica.
Si no actuamos ya, el colapso fiscal amenaza con desmantelar prestaciones esenciales, dejando a millones desprotegidos en un continente ya fracturado. Reformas como incentivar la natalidad, digitalizar servicios públicos y fomentar empleo cualificado son imprescindibles para un bienestar viable a largo plazo. Europa no puede seguir viviendo de ilusiones: debemos priorizar eficiencia laboral, innovación y control migratorio para preservar lo esencial del Estado de bienestar sin hipotecar el futuro.
Pedro Marín Usón.
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