Manuel Fernández Ordóñez
El CO2 como coartada para encarecer la luz
La nostalgia es comprensible, pero a menudo no es sino un producto de la imaginación, incluso colectiva, por un pasado que o no existió o se idealiza por el paso de los años. En el caso de Vigo no hay duda: cualquier tiempo pasado fue mucho peor, el de una ciudad gris, sin planificar, que creció de forma tan desordenada que todavía está por coser. Por no hablar de que carecía de servicios básicos. Con nostalgia solo colocaría dos aspectos: la desaparición de las murallas a finales del siglo XIX, y de todas las playas del centro, la última en los años setenta. En ambos casos fueron decisiones lógicas, pero que hoy no se habrían tomado.
En la muralla, los vecinos clamaban por demoler lo que se consideraba como un corsé que hacía imposible crecer un Vigo que a finales del siglo XIX comenzaba a expandirse. Los muros habían sido construidos en el siglo XVII para que los vigueses se defendieran como pudieran de las continuas invasiones, añadiendo los castillos de Santa María en el Castro y San Sebastián. La nostalgia lleva a intentar recuperar los escasos restos de la demolición, lo que está bien, pero mejor sería recuperar en su totalidad la fortaleza de San Sebastián y tirar la torre municipal.
En cuanto a las playas, en el siglo XX desaparecieron las del Berbés, Coia, Areal y Guixar, todas ellas para construir el puerto que permitió colocar a Vigo como la potencia marítima que es hoy. Había muchas más y todavía en la actualidad Vigo es la ciudad de España con mayor número de arenales. Pero no es lo mismo. Una playa en el centro cambiaría la forma de entender la ciudad. La última desapareció en los setenta con la ampliación del puerto deportivo del Náutico, donde hoy está el paseo. Apenas era una cala con arena seca con la marea baja, pero hoy valdría mucho. Tampoco ya es posible su recuperación. En cambio, sí se podría construir una en Beiramar, donde hoy “aparcan” los congeladores de altura de la flota de Malvinas. Lógicamente, habría que recolocarlos, por ejemplo, en la escollera exterior del Berbés, reconvirtiéndola en un muelle. Es posible, solo cuestión de decisión.
Contenido patrocinado
También te puede interesar