José Teo Andrés
Aquella copica para la Pilarica
En ocasiones, cuando echamos la vista atrás sobre determinados sucesos de la Historia, solemos preguntarnos cómo fue posible que sucediera tal o cual acontecimiento, pero solo hace falta examinar los comportamientos de hoy para entender los del pasado.
Por ejemplo la reunión del Comité Federal del PSOE resultó ser un espectáculo chusco de la peor política. Por un lado un líder ensoberbecido que ha perdido sentido de la realidad, tanto que desafía al Parlamento además de, en ocasiones, saltarse a la torera la Constitución con tal de seguir en el Poder. Pero no solo él es culpable de tanto desatino, también lo son sus compañeros de ruta, que no sé si realmente están convencidos de que al líder le asiste toda la razón y que nadie, excepto él, merece estar en la cúspide del Poder, o simplemente son unos cínicos que defienden sus puestos y sus sueldos. Más bien me inclino por esta posibilidad.
De lo que sí estoy convencida es que así es como las democracias se deslizan hasta convertirse en autocracias y después de ese paso se terminan dando otros peores.
E insisto: la responsabilidad no es solo del líder, si me apuran, la responsabilidad es mayor entre quienes le jalean y callan.
Quienes en el siglo pasado gobernaron, no solo me refiero en nuestro país sino en otros muchos, saltándose las más elementales reglas de la democracia, lo hicieron porque encontraron un apoyo incondicional entre tantas y tantas personas que prefirieron cambiar la condición de ciudadanos por la de súbditos, siguiendo a políticos que ejercieron el caudillaje, permitiendo que esos caudillos creyeran que la razón siempre estaba de su parte. Y eso es lo que ha pasado en la última reunión del Comité Federal del PSOE.
Durante muchos años "cubrí" como periodista algunos de los comités federales del PSOE, donde los debates no solo eran intensos, sino que quienes participaban se sentían libres de criticar y cuestionar al líder.
Pero en los comités federales de la era Sánchez sorprende y chirría esa unanimidad pegajosa, esa falta de voces capaces de cuestionar las políticas del líder. Solo García-Page se atreve a reflexionar en voz alta sobre lo que está pasando.
De manera que, los que callan y los que aplauden a Sánchez, no podrán en el futuro mirar hacia otro lado, intentando sacudirse la responsabilidad de haber permitido a su secretario general comportarse como un autócrata dentro y fuera del partido.
Pedro Sánchez no es un "súper hombre" ni un "súper político", pero si hace y deshace a su antojo es porque en su partido se ha instalado el silencio de los corderos en unos casos, la desidia en otros, sin olvidar que seguramente la inmensa mayoría no les supone un problema obedecer sin rechistar.
El rey está desnudo y todos lo saben pero disimulan y es que el mayor problema que tiene Pedro Sánchez es estar rodeado de una "corte" de pelotas que defienden sus propias prebendas e intereses, es decir van a lo suyo y le son profundamente desleales.
Menos mal que como dice el refrán no hay mal que cien años dure.
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