José Teo Andrés
La misma vieja historia
En un momento tan delicado de la vida nacional, con un Gobierno sumido en un caos profundo y un presidente que se ha dado a la fuga simplemente porque hace algún tiempo que lo ha abandonado el desodorante y ya no sabe cómo recuperarlo, es lícito preguntarse por el motivo último de esta invasión encubierta y regulada por Marruecos tras la que se esconde toda una estrategia que acabara con la cesión de Ceuta y Melilla si el discurrir de los acontecimientos no sufre modificación contundente. El problema crece y la improvisación es la herramienta utilizada por el Ejecutivo, cuyo mando único se ha depositado en uno de sus ministros más prescindibles. El mismo que, tras el disparate de los polideportivos, no ha tenido más remedio que recular acosado por los ceutíes que han llegado a cercar el hotel donde se aloja. Pero a este esperpento se ha llegado tras un proceso que ha ido creciendo y multiplicándose.
Y es que, a mi humilde modo de ver, existe un punto de partida muy preciso en su paulatino y dramático desarrollo. En marzo de 2022 y de la noche a la mañana, el presidente del Gobierno español comunicaba por medio de una carta enviada personalmente al rey Mohamed VI de Marruecos, el cambio de postura adoptado por España respaldando ahora la posición marroquí sobre el tratamiento a otorgar al contencioso del Sahara Occidental. Este cambio abandonaba a su suerte al pueblo saharaui privándolo de un referéndum sobre autodeterminación cuya idoneidad España había defendido hasta entonces. La decisión se tomó sin informar a las Cortes ni proceder a una consulta previa con los diferentes actores políticos y sociales es decir, sin el menor consenso.
El suceso resultó tan sorprendente y su resolución mostraba tal opacidad que muchos se miraron perplejos. La opinión generalizada fue que algo inconfesable existía que afectaba poderosamente al presidente Sánchez hasta el punto de obligarle a rendir vasallaje al monarca marroquí al margen incluso del Congreso de los Diputados. Hoy, los acontecimientos respaldan esta sospecha. ¿Qué sabe Marruecos que nosotros no sepamos? Algún día se conocerá. O no, vaya usted a saber.
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