Luis Del Val
Los novios de la muerte
Si, fumata blanca para un Papa negro.
Mucho se escribe en estas fechas sobre el particular, sobre predicciones fallidas, profecías cumplidas o no cumplidas según se vea, excepciones y convulsiones internas de todo orden, desde un Papa que renuncia y se pregunta donde está Dios en tantas y tantas ocasiones, un Espíritu Santo que necesita de cinco votaciones para decidirse, hasta quienes apoyándose en profecías de Nostradamus, San Malaquías y Juan XXIII, auguran un fin del mundo próximo, con el Papa Paco como último de la lista a las puertas del Apocalipsis.
Papa Francisco, argentino, de origen italiano, jesuita, socio del San Lorenzo de Almagro, enfrentado a los Kirchner, conservador en lo dogmático y avanzado en lo social, humilde, le gusta el tango, el jazz, la ópera, predica en las plazas y paga religiosamente la pensión.
Podríamos decir que 'cuervo' por partida doble: así conocido despectivamente como jesuita, o cariñosamente como hincha del San Lorenzo de Almagro (los cuervos).
Pero, ¿qué hace un jesuita en la silla de San Pedro?.
Jocosamente podríamos decir que su misión va a ser blanquear muchas cosas, la primera el pasar del hábito negro al blanco, del dinero negro de la Banca Vaticana a su blanqueo con intervenciones regladas, del oscurantismo interno a la luz y la apertura, etc.
También jocosamente convendría que aclarase su referencia al nombre adoptado, no vaya a ser que se convierta en victima de San Francisco de Sales, como le ocurrió a quien caía de lo alto de un rascacielos suplicándole insistentemente a San Francisco que le salvase, cuando pasando ya por la primera planta, una mano salvadora, lo sujeta y le pregunta de forma grave: ¿De Asis o de Sales?. El pobre hombre, aterrorizado, dice: De Asis. Inmediatamente la mano se abre y la misma voz, mas grave todavía grita: De Sales. Santas rivalidades?
De todas formas, recordemos algo sobre los jesuitas. Corría el año 1517 y Lutero, harto de una corrupción desmedida en el seno de la Iglesia, iniciaba lo que posteriormente había de convertirse en la llamada Reforma, que habría de llevar al cristianismo a su mayor encrucijada (católicos o protestantes). Unos años después, concretamente en 1534, Iñigo López de Loyola (San Ignacio de Loyola) y un pequeño grupo de seguidores, fundan la Compañía de Jesús (los jesuitas). El catolicismo, en reacción al protestantismo naciente (Concilio de Trento, de 1545 a 1563), inicia lo que habría de conocerse por Contrarreforma, o reforma de la reforma, donde las ordenes religiosas cobran importante protagonismo, junto a la Inquisición y a las bárbaras guerras que en Europa habrían de sostener nuestros católicos Austrias, Carlos I y Felipe II, quemando en ellas la inmensa fortuna proveniente del militar y pastoral saqueo americano. Los jesuitas, vestidos de negro riguroso en señal de humildad y pobreza, profesan la defensa a ultranza del papado, se rinden a su autoridad y se dedican al ejercicio de la triple E (Educación, evangelización y espiritualidad). Con el tiempo, su máxima autoridad, el 'Prepósito General de la Compañía de Jesús', mas conocido como Papa negro, adquiere una importancia y poder enorme en el seno de la Iglesia (los aristócratas) hasta ser considerado como el Papa en la sombra (hoy el español Adolfo Nicolás). La Compañía está presente en 127 países, gestiona cerca de 300 universidades, un sinfín de colegios, unas 30 televisiones y mas de 200 revistas, todos son hombres, con titulación académica, formación sólida y siempre situados cerca del poder terrenal, tal es así, que a otro grupo de amplio poder dentro de la Iglesia, como es el Opus Dei, al parecer no le ha hecho ni pizca de gracia el nombramiento de un Papa negro.
Hechas estas consideraciones, los retos a los que renunció su antecesor y a los que ha de enfrentarse Francisco (al parecer, a secas, sin I ni nada) son importantes, tanto dentro del redil como hacia su rebaño. Clanes internos, intrigas, ambiciones, luchas de poder y de dinero con un protagonismo fundamental en una Banca especialmente pintoresca pero fortísima, cuyos dineros, desde la mas absoluta opacidad, con sospechas de ciertos orígenes mafiosos, no controla organismo alguno y al parecer son causa de múltiples encontronazos curiales. En cuanto al exterior, el insistente llamado de la mujer y de los seglares a un mayor protagonismo, la democratización interna, incipientes cismas, el entendimiento con las otras ramas del cristianismo e incluso con el judaísmo, la recuperación de la credibilidad y una perdida constante de vocaciones y de clientela, al tiempo que 'verdades' sostenidas secularmente, chirrían ya por los cuatro costados al menor análisis científico mínimamente serio, hacen que a nadie extrañe que el Espíritu Santo dudara tanto, que necesitara de 5 votaciones para decidirse por un humilde (increíble) argentino.
¿Cousas do demo?
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