Fermín Bocos
El crecimiento de Vox
Ya se sabe que las 'good news' no son, en realidad, 'news'. No percibimos que la rutina, el nunca pasa nada, es, en realidad, una buena noticia cotidiana, rota estrepitosamente cuando llega la calamidad, como la tragedia de los Alpes suizos, tan dolorosa por el número y la cualidad de las víctimas, casi todos jóvenes a los que les quedaba mucho por vivir. Ocurre que, en estas fechas, todavía festivas en la España de los Reyes Magos, no estamos acostumbrados a la tragedia, obnubilados como estamos ante los fastos televisivos, tan lejanos a la realidad, de la Nochevieja, el vestido, o lo que sea, de la señora Pedroche o el traje, tan frío, de Chenoa.
Pero, pese a tanta burbuja de champán, o de cava, y no solo por lo de los Alpes, pienso que hemos empezado mal un año que todos, y yo el primero, vaticinan como cuando menos conflictivo. Veremos.
Siempre pensé que el jolgorio de la Nochevieja, con su exceso de frivolidad y lentejuelas, para nada representa el ser de nuestro país, al que hay que reconocer que, por lo demás, es tan alegre. Pero este año lo hemos comenzado con una especie de fatalismo resumido en la frase de un comentarista, siento no recordar ahora su nombre: "España no está perdida, pero empieza a creérselo". Nos han instalado en el fatalismo de que todo es posible, de que no hay reglas -las morales, menos que ninguna-, de que hay una perpetua espada de Damocles pendiendo sobre la cabeza de la piel de toro. Entramos en 2026 con la sensación de que hay un Gobierno que tendría que caer sin que estemos seguros de que hay recambio, y con la constatación de que ni siquiera las participaciones de la lotería estatal están del todo acogidas a la seguridad jurídica.
Así que, visto el panorama, el 'corpus' social lo que pide es cambio. Las primeras encuestas del año, publicadas por varios medios este viernes, coinciden en que los españoles piden elecciones, pero también coinciden en que una mayoría de los encuestados no creen que vayan a convocarse por parte de un Gobierno que, pese a los buenos datos económicos, provoca (y sigo ciñéndome a las sacrosantas encuestas) el desapego ciudadano.
Y tampoco es que la lectura de lo que pasa por ahí fuera sea capaz de animarnos mucho. No me parece que vaya a equivocarme demasiado si pronóstico que, para bien o para mal -sobre todo para la segundo- vamos a tener titulares dedicados a Trump y a Putin, quizá a Netanyahu, hasta en la sopa. Y eso, me parece, no puede ser bueno.
De momento, hemos comenzado a adentrarnos en el primer mes del año que puede cambiar -o no- nuestras vidas. Y leo en un periódico el siguiente titular, a toda página: "Dónde comprar el mejor roscón de reyes en Madrid; cinco apuestas seguras". Ese debe ser, conjeturo, el espíritu que nos anima. Y que no decaiga.
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