José Teo Andrés
Un mejor ranking para los hospitales
Bajo la línea de flotación que mira la gente (relato mediático de consumo rápido) crecen los intangibles. Por ejemplo, el miedo a subirse en un tren (se dispara el precio de los vuelos en aeropuertos andaluces) y el hastío del ciudadano porque, después de la tregua del luto por la tragedia de Adamuz, volvemos a las andadas del lodazal partidista.
El hastío se adapta a la lucha por los votos cuando arranca la campaña en Aragón, una de las cuatro autonomías llamadas a votar en el calendario 25-26. A ver quién frena ahora a los que asocian la etapa oscura del Ministerio de Transportes (más de cien incidentes ferroviarios en 2024), a los nombres y las andanzas de Ábalos, Cerdán y Koldo, que vienen del sanchismo fundacional. Lo que nos faltaba ahora era descubrir que en las obras de acondicionamiento del tramo afectado había intervenido una empresa de áridos investigada por la Guardia Civil por su presunta relación con las tramas investigadas en el caso Koldo.
Y a ver cómo evitar que la gente relacione la decretada disminución de la velocidad de los trenes en el tramo Madrid-Barcelona con la mala conciencia de un Gobierno que no hizo sus deberes a tiempo (inversiones en mantenimiento de la infraestructura ferroviaria y ejecución de estas). Lo cual no impide expresar la frustración (otro intangible) de que haya terminado el clima de lealtad institucional y la aparente colaboración entre las administraciones públicas en os días posteriores a la tragedia. Estuvo bien mientras duró, excepción hecha de la reacción en caliente de Vox, pero se entiende en un partido sin presencia institucional y solo preocupado por subir en los sondeos electorales.
El buen rollo de estos días sirvió para celebrar la pasajera sensación de que los partidos hubieran aprendido de los errores cometidos tras la tragedia de la dana (octubre 2024): el acostumbrado intercambio de pedradas políticas que aviva los fuegos fatuos llamados a desvanecerse en narrativas partidistas que no resolver ningún problema real del ciudadano.
Está claro que me refiero a la politización tóxica, la que se queda en el insulto por sistema y la programada descalificación del adversario, no a la que de forma justa y necesaria sirve para encontrar las causas de un desastre como la forma de evitar que pueda repetirse.
Ahí estamos. Con el "enganchón" mencionado por el maquinista del tren Iryo que salió de Málaga y con el raíl desmochado por presunto fallo en la soldadura. O varios, lo cual nos orientaría hacia la consecuencia y no hacia la causa de la tragedia. Nada definitivo. Ni siquiera ha arrancado la tarea encomendada a la CIAF (Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, de teórica independencia funcional pero adscrita al Ministerio de Transportes), cuestionada por la UE por presunta falta de independencia y pendiente de la reglamentación aprobada en agosto de 2024.
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