La lucha por la permanencia

Publicado: 25 ene 2026 - 01:30
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Opinión. | Atlántico

Se especula estos últimos días sobre la posibilidad de una dimisión del ministro Puente, un suceso que casi con toda seguridad no se va a producir al menos como consecuencia de la inquietante situación del transporte ferroviario en nuestro país, lo que no quiere decir que dentro de unos meses y emboscado en una mini crisis ministerial, el puto amo lo tire por una ventana. Puente es, a estas alturas de una cinta de puro terror como la que estamos viviendo, la figura responsable del desbarajuste y un referente de mala gestión cuyos primeros síntomas coincidieron prácticamente con su toma de posesión, una casualidad o no… que le ha tocado en suertes y que, irremediablemente, marca su futuro. El puto amo no accederá a prescindir de sus servicios en estos momentos porque sería como reconocer fallos irreparables en su sistema, pero es el que manda y si el asunto se pone muy chungo y le estorba, acabará sacrificándolo disfrazado de cualquier cosa.

El hábito de dimitir cuando no se han cumplido las expectativas propias de un cargo público es en España a partir de la nueva etapa democrática, una práctica desusada. Nunca lo fue frecuente pero en los turbulentos años del siglo XIX y primeros del XX, se puso de manifiesto con cierta regularidad que se manifestó más específicamente, en la renuncia al cargo de presidentes del Consejo de Ministros desde O’Donnell a Narváez, Maura o Primo de Rivera. Hoy este protocolo ya ni se menciona y Puente no dimitirá aunque bien mirado, e incluso si no tuviera culpa alguna de lo que pasa, por su propia conciencia, su sentido del deber como alto funcionario y la dignidad que debe presidir el comportamiento de un servidor del pueblo, debería pedir la caja de cartón, meter en ella sus cosas e irse a su casa. No solo Puente sino muchos otros procedentes de las cuatro esquinas del arco parlamentario que deberían reflexionar lo que aporta a la salud del sistema, la abdicación voluntaria cuando las expectativas no se cumplen y no se alcanzan las metas previamente comprometidas y tantas veces anunciadas.

Para su desgracia, Puente se ha distinguido por un perfil machirulo y asilvestrado que ahora, en un momento de crisis y debilidad, le pasa factura. Saldrá como pueda de este crítico momento pero su estrella se apaga.

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