José Teo Andrés
Por si hay una segunda oportunidad
La principal seña de que un mamífero se encuentra en periodo de recuperación después de haber estado a punto de extinguirse es el número de atropellos que se producen. A medida que el lince se expande por nuevos territorios aparecen en las carreteras sus cadáveres. Son muertes en la mayor parte de las veces inevitables y al menos un lince no es tan grande como para provocar grandes daños en el vehículo ni provocar una salida de la vía. Pero hay otros casos de linces muertos que proceden de actividades delictivas, como la causada por una organización criminal compuesta por tres hombres que, en Cuenca, se dedicaban a matar depredadores de caza menor para fomentar la población de otros animales y dar más valor económico a los cotos de caza aledaños. Con lo difícil que es sacar adelante una camada de linces para que luego tres desaprensivos los cacen como a los conejos que pretenden proteger. Cazadores furtivos, incendiarios de bosques, depredadores humanos de animales salvajes son tres especies que últimamente parecen gozar de protección política, la que ellos no conceden al medio ambiente, convertido en caza mayor.
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