José Teo Andrés
Por si hay una segunda oportunidad
Un viejo adagio italianos sentencia: “Cando si perde il senso e la misura o della decenza, qualsiasi eccesso è possibile”; es decir, “Cuando se pierde el sentid y la medida o de la decencia, cualquier exceso es posible” Aunque a estas alturas cuesta sorprenderse de que el presidente del Gobierno siga su feliz veraneo, mientras que el país se enfrenta a una grave crisis que, aunque centrada en Ceuta, se proyecta sobre todo el Estado. Y mientras Sánchez, con un espectacular resguardo, sigue de vacaciones como si nada e incluso tiene la frivolidad de usar una de las lanchas con que la Guardia Civil se enfrenta a los narcotraficantes para darse un paseo. Y dentro de esa misma frivolidad nos aconseja música y libros, ahora imitado por otros miembros de su equipo.
Un destacado general marroquí ha sentenciado que una vez más se ha demostrado que Ceuta puede ser ocupada en unas horas. Porque aparte de que queden en Ceuta miles de inmigrantes ilegales y de menores, es evidente que hemos asistido a un nuevo ensayo como lo fuera la marcha verde. Porque la rapidez con que regresaron a Marruecos miles de aquellos ocupantes denota que fueron la carne de cañón empleada por Mohamed VI para un nuevo ensayo. Porque nadie se puede creer que el mismo día y hora, desde diversos puntos de Marruecos se ponga en marcha una masa de más de 70.000 personas para violentar la frontera y ocupar la ciudad, sin que los servicios secretos y la policía marroquí fueran ajenos al dispositivo. Y lo peor es que mientras la ministra de Defensa diga que el CNI cumplió con su misión y deber, Marlaska afirma que nadie avisó al Gobierno y que éste se vio sorprendido por los hechos.
Marruecos toma el pelo a España. La reclamación del ministro de Justicia de este país de que les sean devueltos todos los menores que siguen en Ceuta es una nueva burla. En circunstancias, digamos normales, cuesta mucho y apenas se ejecutan las devoluciones de marroquíes con orden de expulsión de España. El reino alauí pone serios reparos para identificar a quienes dicen ser sus nacionales, incluso con documentación (y sabemos y hemos visto en sus propios vídeos como los que entran en patera se desprenden de ella de modo elocuente). La policía está desbordada y no cuenta con efectivos para llevar a cabo el procedimiento ordinario de filiación de los miles de menores que siguen en la calle en Ceuta. Y sobre todo, la edad real.
Aunque no se conocen cifras globales facilitadas por el Gobierno, se suele manejar como aproximada que cerca de 70.000 marroquíes perciben el ingreso mínimo vital (IMM), lo que representaría la mitad de los extranjeros que reciben esta ayuda. Por otro lado, del millón de marroquíes que viven en España, se maneja la cifra de 387.000 cotizantes a la Seguridad Social. Sobre estos datos, en los diversos debates sobre la situación de los menores de Ceuta, se ha sugerido que podría ser una solución que las familias aquí asentadas, especialmente las que reciben ayudas públicas, acogieran por solidaridad a algunos de estos menores. No creo que el asunto vaya por ahí.
Existe además la evidencia de que esta oleada ha sido simplemente la última y que, visto su éxito, vendrán otras. Nadie que conozca seriamente el asunto asume la atribución de Sánchez a las pretendidas mafias el mecanismo que puso en marcha la invasión. Resulta sorprendente que en el entorno del presidente y sus numerosos asesores a nadie se le ocurra aconsejarle que se modere y asuma su responsabilidad con decencia. El Gobierno de Ceuta ha pedido un mando único, como corresponde a esta crisis, y una y otra vez desmiente los datos que facilita el Gobierno sobre los inmigrantes que siguen en la ciudad y especialmente los menores. Caben dos soluciones, o el reparto generalizado por el resto de España, o negociar seriamente con Marruecos su devolución.
Se han conocido casos de familias marroquíes que han enviado a sus hijos a ser formados y mantenidos en España como si fuera una estancia en el extranjero como son comunes en el ámbito universitario. Se han demostrado casos de madres que han visitado a sus hijos instalados en centros de menores, o familias que aprovechaban un viaje a España para aprovechar la ocasión y, antes de regresar a su país, enviar a sus hijos a las puertas de un centro de menores. La cifra de menores, en general, ha venido creciendo exponencialmente. Las entradas usadas son aparte de Canarias, Ceuta y Melila. El 84 por ciento son niños. El 27 por ciento de estos menores proceden de Marruecos, seguidos de Senegal (14%), Ucrania (10,5%) y Mali (1%). Desde 2024, los sucesivos informes de la Fiscalía insisten en el desbordamiento nunca resuelto de los centros de acogida.
Contenido patrocinado
También te puede interesar