José Teo Andrés
Itos, a las claras
Itos Domínguez ha sido/es un personaje protagonista del Casco Vello, donde ha ejercido de casi todo y muy especialmente de hostelera y representante vecinal, siempre dando la cara cuando venían peor dadas. Acaba de jubilarse de la primera línea y reconoce que lo ha hecho tras lograr mantener vivo el Plaff de la Rúa Oliva y evitar que sufriera el destino de otros locales y se convirtiera en una hamburguesería.
En su adiós dejó algunas perlas. La mejor, que titulaba este diario, creo que resume como nada el cambio radical que se ha dado en el barrio histórico en los últimos 25 años: cuando llegó, dijo, estaba lleno de prostitución y macarras, y ahora es un lugar de moda, donde muchos vigueses aspiran a vivir. Y, añado, una zona monumental de visita obligada por los miles de turistas que llegan a Vigo por mar, tierra o aire.
El Casco Vello era una vergüenza, en el mejor de los casos, una sucesión de calles llenas de bares que abrían hasta la madruga, bastante prostitución, mucha droga e inseguridad. Era oscuro, con circulación y donde la ruina se extendía, sobre todo en la parte alta, la vieja Ferrería, que era un lugar muy poco recomendable para pasar. Todo eso es historia y ahora el reto es conseguir que haya viviendas para asentar población, que se encuentra al mínimo. El Consorcio Casco Vello ha hecho mucho, pero no es suficiente, y todavía queda por rematar la rehabilitación del Berbés, el espacio físico donde nació Vigo, que merece un trato especial, acorde a su catalogación como conjunto histórico-artístico. En cuanto a la antigua Ferrería, ya es tiempo para levantar la prohibición de que se puedan abrir bares, instaurada para evitar que volvieran los locales con la bombilla roja.
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