José Antonio López Silva
Alfredo Conde: palabras contra o tempo
Se atribuye -parece que falsamente- a la gran Agatha Christie la frase de que “no existe el crimen perfecto, sino una mala investigación”, cita que se ajusta perfectamente a lo ocurrido con el caso Déborah, que ya enfila sus 25 años sin resolver. En unos días se cumplirán 24 años desde que apareció el cuerpo de la joven en una zona por donde muy poca gente pasa, en la costa abrupta entre Baiona y A Guarda, aunque colocado de forma visible para que fuera descubierto. A su alrededor había restos biológicos colocados para confundir a la investigación y trazar pistas falsas. La autopsia confirmó que la joven viguesa había muerto por asfixia, pero sin más aclaraciones y tuvo que ser la segunda, realizada años después a petición de la familia, la que confirmó que se había tratado de un homicidio y más probablemente un asesinato.
Por tanto, se conoce que Déborah no murió por causas naturales ni por un accidente, sino que alguien que estaba con ella le provocó su fallecimiento. Y que ese alguien o algunos -más posible lo segundo- ayudaron a poner en marcha un plan para librarse de toda acusación, que incluyó meter el cuerpo durante varios días en un frigorífico y así ganar tiempo para el traslado a un punto alejado de Vigo, lo que tendría consecuencias también en el ámbito de la competencia judicial.
La familia no se ha rendido nunca, pero la investigación no ha sido capaz de avanzar y el punto final ha sido el archivo provisional de la causa, que se había cerrado con un único imputado, el que era el novio en esos momentos. La nueva opción pasa por que la UCO de la Guardia Civil, que cuenta con medios y experiencia, se haga cargo y trate de que el caso Déborah no se convierta en un crimen perfecto, de los que Doña Agatha habló largo y tendido.
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