El hombre de moda

Publicado: 15 feb 2026 - 10:29
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En medio del crecimiento, de momento parece que imparable, de la extrema derecha, Gabriel Rufián y su propuesta de unidad de la izquierda le dibuja como el hombre de moda.

Su defensa de la imprescindible unidad, que hace no mucho se vio como una boutade, ha logrado que en unos días se vaya a producir la primera cumbre de siglas para encontrar un camino común, una alternativa a la izquierda del PSOE para poner pie en pared.

Nada es fácil en un clima político tremendamente polarizado y ya el portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, Enrique Santiago, partidario de esta suma de siglas, ha advertido de que teme que conviertan a Rufián en un político quemado en un abrir y cerrar de ojos. Posibilidad que el propio Rufián no descarta y sobre la que bromea explicando que ya ha tenido, si le echan, trabajos peores.

Ojalá el patio de los insultos, en que se ha convertido el Congreso, produzca mudanzas como la recorrida por el portavoz de ERC. Rufián llegó a la Carrera de San Jerónimo muy joven como airado independentista y se convirtió en el "malote". Desde su escaño hacia continuas "performances" con los lemas de sus camisetas y demás objetos que mostraba en los plenos.

Los años y la bajada de la tensión del "procés" le han llevado por la senda del diálogo, tan escaso en estos tiempos convulsos. Sigue conservando su lengua ácida y el verbo rudo pero ahora es el promotor de la unidad.

Porque lo más terrible es que, mientras el PSOE se enzarza en broncas internas sobre figuras como Felipe González o Javier Lamban, y PP y Vox no cierran gobiernos, la calamidad del cambio climático, las inundaciones y las tempestades tienen a miles de ciudadanos sin casa.

Pero esa casi emergencia nacional ha pasado a un segundo plano. Porque, lo que de verdad importa a la clase política patria, es la expectativa de voto de cara a unas futuras, y quien sabe si próximas, elecciones generales. Por ejemplo: el "temor" de Feijóo y su equipo no es que el crecimiento de la extrema derecha vaya a deteriorar el sistema democrático, no, es que les impida lograr el poder.

Y mientras sigue el viento enfurecido...

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