Historias para no dormir

Publicado: 30 ago 2026 - 09:22
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Opinión. | Atlántico

Entre los muchos comportamientos lamentables manifestados por un Gobierno que ha mostrado todas sus flaquezas en la gestión de situaciones extraordinarias, nada como la que ha convertido a los sufridos y abandonados ciudadanos de Ceuta a los que les ha cambiado la vida en unas horas, en fascistas desorejados al servicio de la derecha y ultraderecha por el mero hecho de clamar por sus derechos, por defender su pertenencia al país del que son ciudadanos, por defender a sus familias y por exigir que se les defienda a su vez y en justa respuesta a los impuestos que pagan como le ocurre a cualquier otro nacional. La comparecencia de los ministro Marlaska y Albares en sede parlamentaria acusando a la ciudadanía de Ceuta de agitadores en un ambiente que el Gobierno se ha empeñado en enrarecer en lugar de defender, es tan vergonzosa y tan sibilinamente cruel que no deja resquicio alguno a la comprensión porque en ellas se esconde falta de respeto para con una amplio grupo de ciudadanos, ausencia absoluta de solidaridad, dejación de deberes y muchas otras facetas incalificables. Pero sobre todo, en ellas se adivina una perversidad insoportable. Se tacha de fascistas a los sufridos habitantes de una ciudad que ha sido invadida, se los insulta sin piedad, se sacrifican sus derechos y sus necesidades para contentar a un país extranjero cuyos ministros comienzan a desarrollar la estrategia centrada en llamar a la invasión. Se invita a privarlos de una parte innegociable de nuestro territorio, y se hace apelando a reinterpretaciones partidistas de la historia que sugieren una verdad que no es tal. Es una falacia porque ni Ceuta ni Melilla han pertenecido nunca a Marruecos y son españolas desde el siglo XV.

Tachar a los ciudadanos de Ceuta de socios de la ultraderecha es, entre otras muchas cosas, una villanía. Tan grave, tan absurda y tan culpable como el tratamiento que se ha otorgado a un hecho que no es otra cosa que una agresión exterior a la integridad de un país soberano. La actitud mostrada por el ministro Marlaska propone una decepción tras otra. Decepciones que no solo afectan a sus administrados sino a sus compañeros de gabinete. Que le cuenten ahora historias a Margarita Robles. Son historias para no dormir, también se lo digo.

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