Itxu Díaz
Al desnudo
El expediente político e incluso personal de José Luis Rodríguez Zapatero no parece otra cosa que un interminable canto a la casualidad. El azar forma parte de su existencia y se percibe de un modo especial en su trayectoria en el universo ideológico y parlamentario. Hay que partir para ello de sus primeros pasos y hay que detenerse para comprenderlo en el modo en el que se convierte en secretario general del PSOE, aunque es verdad que es también la fortuna la que se alía con él para comparecer en momentos puntuales. Por ejemplo, se libró de hacer la mili porque pidió tantas prórrogas de estudios que cuando las agotó ya era parlamentario y no tuvo que hacerla. Sin embargo, el inicio de su sorprendente carrera se fija en 2000 cuando las distintas corrientes socialistas tras el abandono de Almunia se neutralizan entre sí, y todas ellas deciden elegir a un tonto útil que no esté emparentado con ninguna y resulte fácil de manejar y prescindir si así toca. Zapatero era un sujeto de sonrisa vacua y ojos saltones que representaba una vía sin contenido ni respaldo alguno, aspecto pánfilo e inexistente experiencia. Lo hicieron secretario general. Unos años después, con las elecciones perdidas de antemano, estalló el atentado del 11-M de 2004 y Aznar le echó la culpa a ETA. El error le costó el cargo y Rajoy fue sorprendentemente derrotado en las urnas que hicieron presidente a Zapatero. Aquel “bambi” que decía Guerra, que tenía un abuelo fusilado por los sublevados en la Guerra Civil a cuya inspiración desarrolló la dudosa Ley de la Memoria Histórica, que sonreía sin sonreír por cualquier cosa con aspecto de fauno bueno, que se quedó sentado al paso de la bandera USA para estrenarse, y al que un puñado de artistas respaldaron elevando la ceja porque lo tenían por un dirigente bobo pero honesto, idealista, zurdo y caritativo es hoy el primer ex presidente de nuestra historia investigado por construir en torno a sí una organización criminal especializada en blanqueo de capitales. Zapatero no se enteró de la crisis y cuando se la encontró aplicó los peores recortes sociales y económicos. Hoy es un lobista imputado por expresa petición de la Justicia europea no por denuncias ultraderechistas. La investigación que lleva dos años en curso parte de Francia y Suiza. Ha aprendido mucho, eso sí.
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