La fantasía energética

Publicado: 01 nov 2026 - 03:30
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La electricidad en España acaba de regalarnos el mejor resumen posible de nuestra política energética. El precio medio diario del mercado mayorista alcanzó este viernes los 244,69 euros por megavatio-hora (MWh), el máximo de todo el año. A las 18:45 llegó a 324,72 €/MWh. Tal vez ustedes sean muy jóvenes, pero yo recuerdo a toda la izquierda patria pidiendo la dimisión de Rajoy porque el mercado estaba a 75 €/MWh.

Por su parte, el precio del gas anda rondando los 100 €/MWh, algo que no veíamos desde diciembre de 2022. En lo que va de año, su precio se ha multiplicado por más de tres en Europa. Esto no son cifras abstractas, son una advertencia. El mercado mayorista de electricidad es una pieza decisiva de la factura que pagamos en nuestras casas, y cuando el gas se dispara, la electricidad también lo hace.

El gobierno de España se ha acostumbrado a abusar de la demagogia cuando habla de energía. Sale a bombo y platillo a celebrar los precios bajos del mercado cuando las renovables producen a pleno rendimiento. Sale el sol, sopla el viento y Moncloa no pierde ocasión de felicitarse por la maravillosa política energética que ha desplegado. Tampoco conviene tomárselos demasiado en serio. El gobierno también se felicitaba de que “el tren vive en España el mejor momento de su historia” y ya acumulamos 115 muertos este año.

La electricidad no es una fotografía tomada a las dos de la tarde de un domingo de primavera. Es un sistema que debe funcionar cada segundo del año. También cuando no hay sol. También cuando no hay viento. También cuando la demanda aprieta y la industria necesita producir. Es en esas horas incómodas cuando el gas sostiene el sistema eléctrico en nuestro país.

El gas no está ahí porque un puñado de malvados especuladores se haya levantado una mañana con ganas de arruinar a los españoles. Está ahí porque necesitamos centrales capaces de producir cuando las tecnologías dependientes del clima no pueden hacerlo. Y cuando esas centrales de gas cierran la casación en el mercado, el coste del combustible y el coste de sus emisiones de CO2 son los que fijan el precio de la electricidad. No es una conspiración. Es aritmética pura.

La gran estafa intelectual de la transición energética ha consistido en venderle a la gente que podíamos prescindir de los combustibles fósiles. Que podíamos ser 100% renovables y depender únicamente del sol y el viento. Que podíamos cerrar nuestras centrales nucleares, porque no iba a pasar nada. Y al final, el gobierno más antinuclear de la historia ha tenido que hacer una recogida de cable histórica y extender la operación de la central nuclear de Almaraz, cuyo primer reactor debía cerrarse el año que viene.

Uno puede prometer a sus votantes lo que el nivel intelectual de los mismos le permita. Pero luego hay que encender la luz y la física tiene la desagradable costumbre de no hacer caso al populismo electoral. Un panel solar no produce a las diez de la noche. Un molino eólico no gira porque se lo ordenen desde el BOE. Y, sobre todo, una red eléctrica no se mantiene estable con preciosos discursos sobre sostenibilidad. El apagón del año pasado es la demostración más evidente de que no basta con llenar el país de MWh baratos.

España debe aprovechar todo el sol y todo el viento que tiene. Sería absurdo hacer otra cosa. Pero alguien tiene que almacenar parte de esa electricidad, reforzar las redes, construir interconexiones y mantener centrales capaces de entrar cuando las renovables no producen. Durante muchas horas esas centrales estarán paradas. Precisamente de eso se trata. Su valor no está únicamente en la electricidad que generan, sino en que puedan generarla cuando hacen falta. Y eso cuesta dinero.

La segura no aparece porque el gobierno prohíba los precios altos o nacionalice las compañías eléctricas. Aparece cuando tienes suficiente generación barata y, al mismo tiempo, capacidad firme para responder en las horas difíciles. Y eso exige dejar de tratar la energía nuclear como un residuo ideológico, permitir que el gas cumpla su función mientras haga falta, reforzar las redes, avanzar en el almacenamiento y las interconexiones y diseñar mecanismos que remuneren no solo los MWh que se producen, sino también los que están disponibles para evitar el colapso del sistema.

Los precios tan altos que estamos viviendo no son un fallo del mercado. El mercado está transmitiendo la realidad y nos está diciendo algo muy sencillo, que el gas es muy caro y lo seguimos necesitando. Podemos seguir celebrando precios cero durante algunas horas y escandalizándonos cuando llegan precios de 245 euros. Pero las dos cosas forman parte del mismo sistema.

Podemos seguir confundiendo el precio de las horas fáciles y baratas con el coste real de tener electricidad todo el año. O asumir de una vez que un país avanzado no puede vivir al albur del parte meteorológico. La fantasía energética siempre parece barata…hasta que te toca pagarla.

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