Fermín Bocos
La imputación de Zapatero
Más allá de lo que pudiera resultar, si resulta algo, de la presunta implicación de Zapatero en el feo asunto del Plus Ultra, hay otros elementos de mayor efecto, calado, importancia y trascendencia en la historia presente de España y en la propia deriva del PSOE. Cabe imaginar que, cuando los historiadores del futuro analicen las causas de las agitadas controversias de nuestros días, habrán de anotar su nombre en el inicio de la “desconstrucción” de aquella nación “discutida y discutible”. Que tal doctrina las expidiera un discreto licenciado en Derecho se de escaso nivel en su carrera no podía sorprender.
En 2004, en el Senado, como si fuera realmente una autoridad en Derecho reinterpretó la Constitución con asertos que quedaron para la historia como que el concepto mismo de nación es discutido y discutible. La idea de la España asimétrica que Maragall dictó a Zapatero al aceptar sin conocerlo el Estatut de 2006 es el modelo de Estado que ha ido desarrollando Sánchez. Fue Zapatero temprano contestador de la Constitución de 1978, sus efectos, la concordia de la Transición y conviene recordar en las palabras de Marcelino Camacho, cuando la defendió en el Congreso la amnistía del 77. Zapatero defendió la pactada por Sánchez con Puigdemont.
Stanley Payne y otros historiadores han señalado que ciertas políticas, como las relacionadas con la Ley de Memoria Histórica de la época de Zapatero y la de Memoria Democrática, de Sánchez, sirven para reinterpretar y tergiversar la historia de España desde una perspectiva ideológica, peso sin verdadero fundamento histórico solvente. Pero, al sacar al primer plano la guerra civil se volvió a colocar aquella confrontación en la política actual, dividiendo a la sociedad y reutilizando un lenguaje superado por la convivencia.
En plena crisis económica, que colocó a España al borde del rescate, Zapatero llegó a decir que el país estaba en la “Champions league” de la economía, para seguidamente tener que tomar drásticas medidas, como rebajar el 5 por ciento de su sueldo a todos los funcionarios del país. También desde el primer momento tuvo como objetivo lo que se calificó de medida de aproximación a ETA, a favor de la paz. Pero cuando la organización terrorista volvió a asesinar (atentados de Barajas), siguieron las negociaciones, pese a decir lo contrario, aparte de los incidentes del “Bar Faisán”, el soplo a la red de recaudación del impuesto revolucionaria de la acción policial. Por cierto, que Zapatero ha dedicado cálidos elogios a Bildu.
En 2003, ante el riesgo de que Ibarretxe convocara un referéndum de independencia en el País Vasco, el Gobierno de Aznar, con la ley 20/2003. introdujo los art. 506 bis, 521 bis y 576 bis en el Código Penal estableciendo una pena de entre tres y cinco años de cárcel para el delito de “convocatoria ilegal de elecciones o de consultas populares por vía de referéndum o actos similares”. Cuando vino Zapatero suprimió los artículos citados, con lo cual esa conducta dejó de ser delito tal y como estaba tipificada. Y ya sabemos lo que luego ocurrió.
El martes, 21 de septiembre de 2004, Zapatero, proponía ante la 59 Asamblea General de la ONU, la creación de una Alianza de Civilizaciones entre Occidente y el mundo árabe y musulmán. Nunca más se ha vuelto a hablar seriamente de aquella idea, y menos de su utilidad práctica. Ninguna crítica fue tan dura como la del historiador y profesor británico Henry Kamen, quien dijo literalmente que la Alianza de Civilizaciones era inútil o incluso una farsa. puesto que una alianza necesita compartir una serie de conceptos en común, algo que es imposible entre el Islam y los valores de la sociedad europea.
Y luego están sus relaciones con el chavismo. Hasta el extremo de que ha venido actuando como una especie de vice-cónsul con manifestaciones comprensiva con el mismo, lo que le costó que el secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, que es socialista, por cierto, lo calificara en septiembre de 2018 de “sumum de la imbecilidad” por defender la dictadura de Maduro. Ahora Zapatero era el intermediario cualificado en las relaciones de Sánchez con el fugado Puigdemont, con quien ha venido reuniéndose de manera frecuente y ejerce una especie de padrinazgo tutelar sobre Sánchez y el PSOE. Desde la perspectiva de conjunto, lo del Plus Ultra es una anécdota, una minucia, una tontería.
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