José Teo Andrés
Las cosas de la Boa Vila
La Boa Vila es así: para agosto ya hay programadas dos corridas, las únicas que se celebrarán en Galicia, una tradición tan arraigada como triste. Esas dos únicas citas son importantes: hacen que Galicia se mantenga todavía como una comunidad toricida.
La tauromaquia se encuentra en abierta retirada en todo el norte peninsular, incluyendo Portugal (desterradas en casi todo el país, salvo en el entorno de Lisboa), con una caída visible en las estadísticas año a año del número de festejos, rumbo a una desaparición que ya está mucho más cerca que medio siglo atrás. Todavía aguanta en Andalucía y Madrid, sobre todo, y es el objeto central en Pamplona. Incluso goza de buena salud en el sur de Francia, pero los números están ahí para constatar un declive lento pero inevitable. En Galicia hubo hasta tres plazas permanentes: la de Noia fue derruida y la de Coruña reconvertida definitivamente en multiusos. Pero queda Pontevedra, que, aunque reduce toda su programación a dos días, todavía aguanta.
Pontevedra es una ciudad de contrastes: siendo históricamente conservadora, tiene como alcalde desde hace casi un cuarto de siglo al nacionalista Lores. Que siendo del BNG, se ha mostrado como un defensor a ultranza del provincialismo más rancio, encabezando y alentando dos manifestaciones contra la creación de la Audiencia en Vigo y la apertura de la Delegación Autonómica metropolitana viguesa, independiente de la pontevedresa. La Boa Vila solo tiene una industria importante y lleva años tratando de librarse de ella. Y ha hecho de la eliminación de la circulación su marca urbana, lo que ha convertido el entorno del centro en un enorme aparcamiento. Y ahí sigue la plaza.
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