Ceuta rechaza la función que Sánchez le atribuye

Publicado: 15 sep 2026 - 04:05
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Dice Indro Montanelli que hay fotografías, a veces simples y cotidianas de cualquier tipo de acontecimientos que, pasado el tiempo, o por hechos posteriores, acaban adquiriendo un nuevo significado, premonitorio en algunos casos, de lo que sucedería posteriormente. Una de las más famosas de la historia es la famosa del premier británico Chamberlain exhibiendo el documento del acuerdo suscrito con Alemania en el famoso “Pacto de Munich, que hizo decir a Churchill aquella de “incurristeis en el deshonor para evitar la guerra y tuvisteis la guerra y el deshonor”.

Tras la serie de manifestaciones, embustes, falsedades y actuaciones del Gobierno de progreso de Pedro Sánchez tras la invasión de Ceuta el pasado 30 de julio, salta a primera vista el carácter premonitorio de aquella famosa foto del presidente del Gobierno y otros de sus ministros, sentado tranquilamente a la mesa de Mohamed VI imperturbable y sin inmutarse ante la bandera de España colocada al revés. Y ya se sabe que, en el lenguaje de las banderas, la enseña que colocada invertida significa redención.

Realmente, toda nuestra capacidad de sorpresa queda superada cuando escuchamos al mismo que dijera que la entrada de casi 80.000 inmigrantes ilegales en Ceuta fuera una invasión y un acto contra la soberanía del Reino de España y que ninguno de ellos quedaría en la plaza ni sería trasladado de la península. Y ahora resulta que esta dispuesto a que la ciudad se convierta en un gran centro operativo para albergar personas que entran de modo ilegal en el territorio nacional, para lo cual es preciso incrementar, porque son escasos, los recursos de alojamiento de estas personas ya presentes y otras que hayan de venir, para lo que se debe estar preparados. Y mientras los vecinos de la Palma que sufrieron los efectos del volcán y otros casos, siguen en barracones.

Y se toman las medidas adecuadas par dotarlas de los medios adecuados de acogida, lo que incluye hasta colchones mejores de los que tienen a su disposición en sus alojamientos los agentes de la policía y guardia civil. Y además, a costa de todos los españoles se contrata una red wifi especial para que, quienes no se olviden están de modo ilegal en España, dispongan de todos los recursos modernos para su comunicación con su país. Se comprende la ironía del ministro de Justicia marroquí quien se pregunta cómo quiere que sus connacionales retornen si Pedro Sánchez los acoge e instala en la perspectiva de que se queden aquí.

Todos los inmigrantes ilegales portaban teléfonos móviles, conectado con operadoras marroquíes. Como cualquiera que haya viajado a Marruecos, dada la corta distancia a España sabe que, si bien los teléfonos tienden a conectarse por error a la red móvil extranjera, los inmigrantes se quedaban pegados a la frontera con Marruecos y desde allí seguían utilizando sus teléfonos móviles con normalidad aprovechando la señal procedente de las telecos de su país. Lamentablemente no se ha visto la misma eficacia del Gobierno de progreso para resolver otros problemas de infraestructuras y comunicaciones del país.

Las manifestaciones de Pedro Sánchez sobre el futuro de Ceuta no dejan duda alguna sobre sus planes: Ambas ciudades, debido a su situación geográfica tienen que acostumbrarse a ser plazas de acogidas de inmigración irregular, para lo cual el Gobierno va a dotarlas con carácter permanente de las adecuadas infraestructuras de acogida. A estas manifestaciones ha respondido con energía el presidente Vivas, de Ceuta, ciudad que ya soporta una presión migratorio superior a cualquier otro punto de España. El crecimiento de la delincuencia es exponencial y hasta, aparte de robos y allanamientos, ya se ha visto a inmigrantes desmantelando parte de algún edificio para hacerse con materiales para montar sus campamentos. Con una precisión que contradice los datos del Gobierno, que en realidad sigue sin saber cuántos inmigrantes ilegales quedan en Ceuta, Vivas resume la cifra en 13.000 personas. Y Sánchez tiene allí un serio problema con su pueblo.

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