El banco de la ira

Publicado: 15 sep 2026 - 00:59
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Peter Sloterdijk (1947) es un filósofo alemán a quien sigo desde la distancia. De vez en cuando, tomo una cita de sus numerosas entrevistas y la guardo. En 2013 apunté: “La izquierda ha funcionado históricamente como un mecanismo de organización política de la ira o, para ser más precisos, como un banco de ira. La gente depositaba allí sus frustraciones y, como en un banco, otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos”. El banco de la izquierda hoy, por seguir con la imagen de Sloterdijk, pasa por dificultades, sin certeza de un rescate que la reactualice. En todo caso, la ira persiste, probablemente incluso se ha inflamado desde aquel año sumido en la Gran Recesión. Los depositantes han cambiado de banco: de la izquierda se han pasado a la extrema derecha.

El enemigo de la izquierda era el capitalismo, una caricatura del empresario caracterizado como un tipo gordo con levita, chistera y puro. El desprecio de la extrema derecha se dirige al inmigrante, a las mujeres y sus derechos, la cultura o la libertad de expresión. De estas iras hemos conocido ejemplos suficientes como para hacernos perder la confianza en el género humano. Y sin embargo, pese al alto precio pagado, nos hemos vuelto a levantar y alumbrar largos períodos de convivencia y prosperidad. Desde esa confianza, tantas veces herida, observamos ahora las nutridas masas de ciudadanos que se agolpan a las puertas de los nuevos bancos de la ira. Tienen oficinas en Alemania, en Italia, en Francia y también en España. Una auténtica multinacional de la frustración, del odio y del retorno al pasado que, en frívola consideración de Feijóo, ya hemos “amortizado”.

A diferencia de los ideales progresistas, que confiaban en percibir los réditos en un futuro mejor, los depositantes en el banco de la ira de la ultraderecha reclaman en el mostrador los dividendos reales o imaginados cobrados en el pasado. En Italia añoran a Mussolini e incluso a los poetas y pintores futuristas, que estaban tronados. En Alemania anhelan los desfiles nocturnos con antorchas y reviven su desprecio a la Bauhaus, precisamente en su sede de Sajonia-Anhalt, territorio ahora entregado a AfD. En España, Franco fue el hombre providencial que impuso la paz y desarrolló el país con pantanos y saltos hidroeléctricos.

Peter Sloterdijk, ahora de paso por Segovia, ha dicho: “Los europeos deben mantener la convicción de que ser una potencia media es suficiente. Si el cristianismo ya no es el principal producto que podemos exportar, entonces será una especie de neoestoicismo. Moderación será el lema principal de esta escuela de sabiduría”. Y me pregunto: ¿dónde tendrá su sede este banco de la moderación?

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