Fernando Jáuregui
País ingobernable este
Hay aniversarios que pesan. Y hay escritores que pesan más. Este viernes 21 de agosto de 2026 a las 10:00 h, la Fundación Pública Galega Camilo José Cela en Iria Flavia acoge el III Encontro de Verán del Club de Periodistas Gallegos en Madrid. El motivo es un doble homenaje. Los 110 años del nacimiento de Camilo José Cela y los 75 años de la primera edición de su novela La Colmena. Dos fechas redondas para recordar a un gallego universal, incómodo, brillante y, tristemente, menos de actualidad de lo que Galicia y España se merecen.
Cela no se entiende sin lo que llevaba consigo de Galicia. Y Galicia se siente más y se comprende mejor con el prestigio del Cela que sabe de caldo con pan para enfriarlo y de silencio que salta con retranca.
Nacido en Padrón en 1916, Nobel de Literatura en 1989, dejó en su tierra natal, su archivo, su biblioteca y su memoria en la Fundación de Iria Flavia. Traerle allí a los periodistas gallegos de Madrid es cerrar un círculo. Los que emigraron a la capital para contar España, vuelven al lugar donde el maestro aprendió a mirar España con lupa y con ironía. En el programa hay cabeza y corazón. Voces que conocen bien su obra como Alfredo Conde y Darío Villanueva. Visita al lugar donde está enterrado, porque homenajear a un escritor es también hablarle donde descansa y concierto porque el nobel también fue música, ritmo y oralidad.
Cela está presente este verano y debería ser así todo el año. Porque incomodaría, y mucho, y porque La Colmena sigue siendo un espejo. Hace 75 años CJC retrató un Madrid gris de posguerra con más de 300 personajes que se cruzan en cafés y gente corriente, con hambre, con miedo y con ganas de vivir. Hoy 2026, cambian los cafés y cambian las miserias; pero la radiografía humana sigue valiendo. Y aquí viene lo irónico porque si levantara la cabeza, ese personaje provocador tendría más de un adjetivo para el momento que vivimos en el país. Para los incendios que se repiten, para los trenes descarrilados, para las riadas humanas en Ceuta y Melilla, para las comisiones y tanto ladrón, para los 1,7 millones que pagan que Yolanda Díaz mire a colocarse en la Organización Internacional del Trabajo y para los coches oficiales en las puertas equivocadas. Cela no se callaría. Le ponía nombre a las cosas y cuando no lo tenía, se lo inventaba. Con mala leche y con precisión descriptiva para no dejar dudas de sus intenciones. Y precisamente por eso el verano es buen momento para Cela. El stress se rebaja. Se baja el ritmo. Y entonces sí, da tiempo a abrir una de sus novelas y no solo La Colmena, siempre recomendable, también están sus poemas, que son la raíz de su origen literario. Porque no solo fue novelista y periodista. También fue poeta. De verso corto, directo, a veces cruel y a veces tierno. Poemas para leer en una terraza, con el ventilador de fondo, cuando ya no hay prisa por llegar a ningún sitio.
Leer a Cela en agosto es placer a descubrir para muchos. Es volver a la palabra sin ruido. A la frase que duele y que cura. A ese castellano afilado que solo un gallego podía escribir tan bien.
En tiempos de ruido, de titulares y de algoritmos, retomar a Cela es regresar al oficio. Al periodismo de observación. Al de sentarse, mirar y contar sin maquillar. Al de llamar al pan, pan. Y al vino, vino. Y este homenaje que recuerda lo olvidado que está es muy necesario. Galicia exporta mucho talento a Madrid. Periodistas, escritores, políticos, abogados, profesores, letrados ... Pero a veces olvidamos de dónde venimos.
Este encuentro del Club de Periodistas Gallegos en Madrid, club que cumple 42 años, hace dos cosas con su iniciativa. Por un lado reivindica a un autor gallego en su tierra y por otro une la generación de los que leyeron a Cela en el franquismo con los que lo descubren ahora en TikTok. Cela dividió. Provocó. Escandalizó. Pero nadie puede negarle que fue un maestro del idioma. Y fue un poeta y un periodista antes que nada. Recorrió España y habló con la gente. Apuntó. Y luego marcó su escritura sin anestesia. Ese es el legado que el Club trae a Iria Flavia este viernes 21 de agosto. No solo el recuerdo de la estatuilla del Nobel también recuerda, y sobre todo, la lección del trabajo de campo y de la palabra exacta. Cela estaría encantado y horrorizado a la vez. Encantado de que hablen de él. Horrorizado de que lo pongan serio porque hoy CJC sigue enseñándonos que escribir bien y sin eufemismos es la mejor forma de resistir a tanto incompetente que nos toca sufrir. A tanto imbécil que diría él.
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