Itxu Díaz
La dimisión
Las elecciones de medio período que se realizaron en los Estados Unidos el pasado 2 de noviembre provocaron un auténtico tsunami político que está a punto de sepultar no solamente al presidente Donald Trump sino a la totalidad del Partido Republicano.
Y es que dichas elecciones son vistas como un referéndum acerca de la actual gestión presidencial; un referéndum que mostró el gran descontento de los estadounidenses.
¿Significa esto que los electores se han vuelto de izquierdas? De ninguna manera, mas bien habría que interpretarlo en el sentido de que los norteamericanos están hartos de la crisis económica que afecta -valga el ejemplo- al precio de los combustibles.
Quienes posean elementales nociones de Economía saben muy bien que, al ser màs cara la gasolina, necesariamente, se encarecen los bienes y servicios debido a que necesitan medios que los transporten.
La crisis económica, provocada por la guerra de Irán, en la que Trump se metió imprudentemente mal aconsejado por el premier israelí Benjamín Netanyahu, ha sido en gran parte la responsable del castigo infringido a los republicanos.
¿Qué es lo que sigue? ¿Cuál será el futuro inmediato?
Por lo pronto, al hallarse en los dos últimos años de su período presidencial y con un Congreso hostil, Trump se convierte en lo que es conocido como un “pato cojo” a quien le será muy difícil gobernar.
Sin embargo, el hecho de que un pato sea cojo no le impide a ese pato volar; especialmente si Trump lo hace a base de decretos despreciando tanto a los demócratas como a los republicanos.
Trump la tendrá muy difícil dentro de su país; y su frustración, dado su temperamento impulsivo, quizás lo empuje a radicalizar su polìtica exterior.
Según esto, quizás Trump continúe con su loca aventura en Medio Oriente o quizás aumente su presión contra gobiernos populistas de Hispanoamérica especialmente Cuba, Venezuela, Nicaragua y México.
Dentro del nuevo escenario político, es vital no perder de vista a los grandes vencedores demócratas -Ej.- los senadores electos por Kansas y Texas- ya que de entre ellos bien podría salir el candidato del Partido Demócrata que compita por la Casa Blanca en 2028.
Esta derrota afecta también a dos importantes personajes republicanos como son el vicepresidente Vance y el secretario de Estado Marco Rubio.
Todo hace suponer que, si desean ambos obtener la candidatura republicana, tendrán que desmarcarse de Trump e intentar convencer a la opinión pública de que ellos son diferentes.
La realidad es que el electorado norteamericano jamás votaría por un elemento que continuase con las políticas del actual presidente.
Y ya como reflexión final: Es digna de admiración la política norteamericana porque la misma premia al político que lo ha hecho bien y en cambio castiga a quien los defraudó al faltar a sus promesas.
Una lección digna de ser imitada en varios países, especialmente en España.
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