Itxu Díaz
La dimisión
Un país que entra en órbita chunga es un país en el que puede pasar cualquier cosa incluso que un jugador de fútbol de 30 años que ha pasado un largo calvario para conseguir afianzarse en un equipo modesto e histórico como el Tenerife, muera en el campo de juego por la acción de un compañero de oficio. El drama es tan duro de digerir, tan injusto y tan complejo que nadie sabe qué desastre del destino se ha presentado para llevarse por delante a un futbolista honesto como Jesús de Miguel buscándole de paso la ruina de por vida a otro buen hombre como el portero Jesús Owuono. Ambos llevan el mismo nombre y ambos han ido a escribir uno de los episodios más dolorosos de este deporte que ama tanta gente. El drama, este drama que coloca a nuestro país en cabeza de situaciones abominables que se están apareciendo de día a día, está escrito con lágrimas y parece una pesadilla como parece una pesadilla todo lo que nos está pasando en este maldito final de ciclo que ha resultado en su último tercio el más desapacible, en muchos años. Tantos, como nuestra trabajosamente recuperada dignidad democrática cuya trascendencia parece condenada al olvido en las manos de una banda de personajes cuyos ademanes, comportamientos, actitudes, y decisiones se han llevado por delante lo que se construyó con ayuda de la buena voluntad de los españoles de entonces y su firme propósito de no volver a caer en los mismos errores. No hace falta citar nombres ni hacer leña de los árboles caídos sino contribuir a que este último capítulo de un periodo de gestión que se ha ido desangrando a los poquitos hasta dejarlo todo perdido, pase lo más pronto posible y rescatemos el espíritu de concordia, el respeto, la voluntad, la comprensión y el honor que nos permita recuperarlo con sus instituciones que hoy hemos perdido o nos han hecho perder. Un país que desconfía de sus más altos responsables, que no se atreve a subir a un tren, que observa desesperado la impotencia de una veintena de ministerios que han dejado de ser efectivos. Un país que lleva cinco años sin presupuestar nada, y en el que se evaporan las millonarias ayudas europeas. Un país en que un futbolista muere en un terreno de juego. Un país hecho añicos.
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