El brutal coste de la incompetencia

Publicado: 02 nov 2026 - 04:00
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Lo primero, mis sinceras y más sentidas condolencias a los familiares de todas las personas fallecidas —con especial mención y un recuerdo a los allegados de Fátima Báñez, a quien conocí y traté personalmente durante su etapa al frente de la Fundación CEOE— y mi deseo, de todo corazón, de una pronta y completa recuperación para todas las personas heridas en esta nueva y lacerante tragedia.

Podría decir que este brutal y devastador accidente ferroviario es la gota que colma el vaso de la dejadez, la incompetencia y la negligencia del peor Gobierno que ha sufrido España en toda su etapa democrática. Pero no. El vaso de la paciencia de los españoles se desbordó hace ya demasiado tiempo. Lo que vivimos hoy es la constatación agónica de una demolición programada y sistemática de los cimientos mismos de nuestra nación. Que una red de infraestructuras y transportes que un día fue referencia mundial se desmorone de este modo —acumulando dos catástrofes de proporciones dantescas en menos de un año, con decenas de vidas truncadas, familias destrozadas y un luto insoportable— no es fruto del infortunio ni de la fatalidad. Es la radiografía exacta del abandono institucional, del colapso del mantenimiento preventivo, del amiguismo en la gestión y de la ineptitud elevada a categoría de gobierno. Han convertido la seguridad de los ciudadanos en calderilla política. Ya no queda en pie ni un solo servicio público que no refleje la podredumbre de su gestión. Sanidad colapsada, educación en caída libre —como demuestran los varapalos continuos de los informes PISA—, una crisis de vivienda insostenible para los jóvenes, políticas de igualdad convertidas en un sarcasmo, infraestructuras maltrechas, seguridad ciudadana a los pies de la extrema izquierda,y una corrosión institucional que amenaza con carcomer los resortes del Estado de derecho. Lo han arrasado absolutamente todo en un ejercicio de frivolidad, soberbia y obscenidad política sin precedentes históricos.

Y mientras el país se desangra,y asiste atónito a su propia degradación, ellos continúan a lo suyo. Instalados en su desprecio olímpico hacia la ciudadanía, parapetados tras sus muros de cristal, entregados a sus bailes, sus besos, su autocomplacencia y sus constantes cortinas de humo. Siguen creyendo, con una mezcla de cinismo e indigencia moral, que los españoles son ciudadanos idiotizados, meros súbditos dispuestos a tragar con todo a cambio de un subsidio o un titular de propaganda. Pero la realidad es implacable y se abre paso entre los escombros. La mayor anomalía, el peligro más grave al que se enfrenta esta sociedad, es comprobar que quienes tienen la obligación constitucional de velar por nuestra seguridad y bienestar se han convertido, por acción y por omisión, en los únicos y auténticos irresponsables de nuestra decadencia. España ya no aguanta más esta agonía ni a esta tropa de vividores de lo público. Ellos , "como responsables públicos" son los únicos y más nocivos irresponsables. Y nunca debemos olvidar que Adif ha sido el mayor receptor de fondos Next Generation (5.825 millones de euros) lo que han hecho con esos fondos lo tendrán que explicar detalladamente, y seguramente ante la justicia.

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