José Teo Andrés
Nuestro amigo el rey
El rey de Marruecos, por supuesto. Estos días, algunos centenares de niños del Sahara terminan sus vacaciones en paz en Vigo, en Galicia y otros lugares de España y tendrán que regresar a los tristes campamentos de refugiados de la región argelina de Tinduf, una zona de condiciones insoportables donde malviven unas 200.000 personas desde hace medio siglo y cada vez con menor esperanza ante el poder creciente de Marruecos, que ahora cuenta con el apoyo a la ocupación del Sahara por el Gobierno español, teórico titular de la antigua provincia. Apoyo que también ha logrado de EEUU e Israel, dos países enfrentados a España gracias a la política exhibicionista de Doc PS, quizá buena para sus aspiraciones como líder internacional anti Trump, pésima para los intereses del Estado. Como se ha podido constatar en la crisis de Ceuta. Nuestro amigo el rey de Marruecos está testando claramente cuál es la capacidad de reacción de España y debe estar frotándose las manos, salvo con la ministra de Defensa, que una vez más ha demostrado que como mínimo es la tuerta en el país de los ciegos, un genio al lado de la banda en la que milita. Los niños saharauis ya saben el porvenir que les toca: seguir padeciendo penurias en lo peor del desierto, mientras Marruecos va ganando la batalla diplomática a cambio de nada. Quizá la única compensación sería que se apruebe la ley por la que serán españoles todos los que vivían en el Sahara en 1976, algo bastante justo, pero que desagrada a nuestro amigo el rey de Marruecos, que no pasa una para calibrar la debilidad de su vecino del Norte.
Tengo amigos marroquíes en Vigo y están realmente preocupados por lo que está ocurriendo. Quién si no.
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