Fernando Ramos
El decreto de regulación de inmigrantes y los delincuentes
Y ahora, tras Extremadura, tras Aragón, les toca votar, el mes próximo, a dos millones de castellano-leoneses. Va a ser el tercer revolcón que sufra el Gobierno de Pedro Sánchez, porque cada una de estas elecciones autonómicas se personifica, en el fondo, en el presidente del Gobierno central, aferrado al timón en medio de una tormenta pertinaz, y lo que le viene. Claro, ahora toca, de momento, analizar lo ocurrido en las urnas aragonesas y, cuando esto escribo, desconozco cuál será la reacción ante los resultados tanto en la sede del PSOE, cada día más desierta y un punto fantasmal, como en los pasillos de La Moncloa, de donde también me llegan relatos cuanto menos pintorescos en cuanto al estado anímico del personal.
Ignoro quién ha planificado esta sucesión de elecciones autonómicas clave, si es que ha existido, lo que me extrañaría, un planificador. Pero esta proliferación de elecciones resulta nefasta para la gobernación de cualquier país, porque eso que dio en llamarse la `clase política` solo acierta a pensar en la contienda electoral y, claro, el funcionamiento de la nación se resiente. Al tiempo que, se quiera o no, la moral gubernamental se resquebraja, sin que la ciudadanía vea, por otro lado, que los resultados se plasman en inmediatas formaciones de gobierno: la normativa electoral muestra, convocatoria tras convocatoria, su naturaleza funesta, que ahora concede los beneplácitos a quien nadie quiere, es decir, a Vox.
Pero los resultados son los resultados y Vox, que ha logrado frenar la constitución de gobierno en Extremadura, puede hacer lo mismo en Aragón. Y quizá en Castilla y León. Y acaso también, aunque me parece más improbable, en junio en Andalucía. Y luego, el año próximo, en otras cuantas autonomías clave, como Valencia, o Murcia, o Baleares, o/y, a continuación, las generales. Menudo panorama, y todo porque, en su momento, unos políticos acobardados y `aprovechones` no supieron reformar la normativa electoral como convendría a la gobernación. Y, así, una carrera a las urnas tras otra, el país se va ralentizando, pierde velocidad -y no quiero hacer metáfora con los trenes- y capacidad de `pegada`.
2026 ha comenzado de manera desastrosa para el Gobierno PSOE/Sumar. Para ambas formaciones en el Ejecutivo. Y para una ciudadanía confundida por el marasmo partidario, la falta de planificación a medio plazo y la inepcia de ministerios clave, y cito Transportes como paradigma, pero no como caso único. Que, con lo que está pasando, Oscar Puente siga en el puesto me parece cuanto menos inconcebible, y no acabo de creer, aunque me parecería deseable, que Sánchez nos anuncie algo nuevo en este sentido cuando, al fin, comparezca en las Cortes el miércoles.
No; Sánchez estará más preocupado por minimizar el golpe inminente en Castilla y León, y luego en Andalucía, que en atreverse a garantizar que la normalidad volverá, tras tanta tormenta, a la movilidad en el país, una movilidad de la que dependen, a veces dramáticamente, decenas de millones de españoles. Pero ahora parece que ya solo interesan esos dos millones de castellano-leoneses que, el próximo 15 de marzo, pueden asestar un tercer rejonazo al poder central. Aquí, ya se sabe, los horizontes se sitúan siempre en el corto plazo.
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