José Teo Andrés
San Blas, la fiesta de Vigo
Así de claro y explícito es el lema del presente año para Manos Unidas-Campaña contra el Hambre, cuya jornada se celebra habitualmente el segundo domingo de febrero. Irónica pero pedagógica e intencionadamente los expertos en comunicación de esta oenegé católica han querido unir los conceptos de guerra y de hambre en el slogan de este año, para hacernos entender que en verdad la guerra arrasa con muchas realidades eliminándolas por completo: ¡quiera Dios, por ello, que esta guerra de solidaridad que enarbola anualmente Manos Unidas sirva para aliviar a tantos!
Pero, además, hambre y guerra son situaciones siempre hermanadas, ya que azuzar la guerra sirve indiscutiblemente para sembrar por doquier hambre y miseria. Por el contrario, como bien explicitó Benedicto XVI “combatir la pobreza es construir la paz”; afirmación que expresa a la perfección las acciones y tareas de Manos Unidas y rememora aquella genialidad de Pablo VI cuando aseguró que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Las rebusco y constato que siguen siendo de plena actualidad las palabras iniciales de su encíclica (1967): “El desarrollo de los pueblos y muy especialmente el de aquellos que se esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización, una valoración más activa de sus cualidades humanas; que se orientan con decisión hacia el pleno desarrollo “(…)” ; “ en una palabra hacer, conocer y tener más para ser más: tal es la aspiración de los hombres de hoy, mientras que un gran número de ellos se ven condenados a vivir en condiciones que hacen ilusorio este legítimo deseo”.
Precioso objetivo y magnifico desiderátum el de Manos Unidas: “¡declarar la guerra al hambre!” Conviene recordarlo y repetirlo también ahora mismo, pues aunque la mayor parte de los titulares de prensa se centren sobre todo en Ucrania y en Gaza, sigue habiendo todavía otros 59 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. No pretendo ahora mismo distraer enmarañándome en datos y cifras de las vidas de mujeres y niños atrapados en hambrunas, violencias, miedos y muertes, pero resumiendo, y mucho, las estadísticas (Vease el Informe del Secretario General de la ONU 2025) se puede asegurar que actualmente unos 1100 millones de personas viven en el mundo en pobreza multidimensional, siendo más de la mitad niños; y casi el 40% de ellas (unos 455 millones) están viviendo en países con guerras y por eso mismo rodeados de fragilidades y con muy bajos niveles de paz.
De ahí que sea bueno y muy de agradecer el que de vez en cuando alguna de estas honestas y transparentes oenegés nos ayuden a levantar la vista mirando alrededor, para que al tiempo que agradecemos lo que somos y tenemos nosotros, aprendamos a valorarlo y a no despreciar lo ya alcanzado poniéndolo en peligro; al tiempo que dejemos que se abran generosamente nuestros horizontes de fraterna solidaridad para echar una mano en lo posible a quienes padecen las guerras y el hambre.
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