Acoso y poder

Publicado: 08 feb 2026 - 02:45
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Opinión. | Atlántico

Desde la vida cotidiana de un ciudadano de a pie resulta complicado entender la atracción fatal que el poder ejerce sobre determinados hombres. Pero, antes los execrables casos de acoso sexual, amenazas y chantajes se ve más claro para que quieren llegar a un cargo estos depredadores sexuales.

Y creíamos también que la democracia del siglo XXI había logrado que estas repugnantes conductas de algunos cargos públicos no tuvieran lugar. Pero nos equivocamos. Se siguen produciendo mucho más de lo que vemos e intuimos. Y la única protección de las mujeres pasa por denunciar ante los tribunales.

Pero el camino es tan duro, tan vejatorio, que sucede como a Elisa Mouliaá, quien, tras el bochornoso interrogatorio judicial, ha tirado la toalla, harta de luchar en soledad y retira su denuncia contra Íñigo Errejón. Ese paladín del feminismo, que vivía una doble realidad y creía que su acta de diputado y portavoz de Sumar le daba derecho de pernada como a los señores feudales.

Y qué decir de Salazar, ese todopoderoso asesor de Sánchez en la Moncloa que, según sus víctimas, tenía mucha facilidad para bajarse la bragueta, y que declara en el Senado que siempre ha respetado a las mujeres que trabajaban a su lado y que la razón de su dimisión es "proteger a su familia".

Y el Partido Popular, con tanto griterío como armó con el tema, se echó las manos a la cabeza y exigió dimisiones de los acosadores de la izquierda, trata ahora vergonzantemente de amparar, tapar y desmentir las acusaciones de una ex edil de Móstoles del PP contra el alcalde por acoso sexual. Pero es que este individuo es un protegido de Ayuso, al que colocó en el cargo y al que ahora defiende con la inestimable cooperación de Miguel Ángel Rodríguez. Ambos intentan desacreditar a la víctima que se dio de baja en el partido y que, ahora, va a denunciar el caso ante la justicia como le aconsejó Feijóo el jueves.

Ayuso que, como mujer, debería por lo menos haber recibido a la acosada, sólo por decencia y solidaridad, no es más que el ejemplo, peor, de como actúan los cargos públicos cuya obligación primera es escuchar a las víctimas, comprobar la veracidad de sus denuncias y expulsar al acosador. Porque lo peor de esta historia es el silencio y el encubrimiento de los salidos sexuales por parte de los partidos y sus dirigentes.

No les importa un carajo dejar a las mujeres abandonadas a su suerte.

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