José Teo Andrés
San Blas, la fiesta de Vigo
Como es sabido el presidente Sánchez anunció una doble regulación de las redes sociales en una declaración pública en una de esas cumbres mundiales de líderes que acostumbra a frecuentar para apartarse de la política hispana y obtener presencia internacional combatiendo a la ultraderecha mundial. La primera va en la línea de prohibir su uso a los menores de dieciseis años y la segunda se refiere n a intentar perseguir la radicalización política causada por tales redes. Obviamente es una cortina de humo pensada para desviar el debate hacia temas en los que el señor Sánchez y su gobierno estén más cómodos, pues, aparte de que es una política imposible de llevar a cabo, carece de apoyos políticos para aprobar normas de estas características. Pero aunque la declaración presidencial no se vaya a concretar en una norma legal no deja de ser interesante el debate que se abre sobre la posibilidad de intentar regular el consumo de internet no sólo por las más jóvenes que es la excusa, sino de la población en general. El tema tiene muchas aristas que incluyen desde si debe ser el estado o los padres quienes tengan la potestad de establecer los usos debidos de las redes, hasta la propia definición de red social, que siendo justos implicaría poder regular prácticamente todo el contenido de la red, pues esta son dejan de ser una página más de la web.
Regular internet no sólo no es fácil sino que habría que ver si es o no conveniente. Parece que en el debate sobre las redes se imponen los más críticos con las mismas y se orillan los argumentos de quienes las defienden, pero ni ha habido previamente una discusión pública sobre el tema ni se permite la opción de optar por un modelo educativo que enseñe a usarlas razonablemente, por lo que parece que nuestro presidente ha tomado una postura y la quiere imponer a todos de forma autoritaria. En sus comienzos, Al Gore quería optar por un modelo abiero de internet que permitiese al gobierno controlar sus contenidos, pero fue derrotado por los ciberlibertarios que lograron establecer sistemas de encriptación que lo impidieron. Fracasado este intento vuelven a la carga con nuevas estrategias, adelanto que condenadas también al fracaso Hoy en día es posible apagar casi completamente internet, como vimos en las revuletas de Egipto hace unos años o en el Irán de hoy, peor al coste de paralizar casi por completo el funcionamiento de la economía, por lo que esta drástica medida no se revela viable. Lo que se pretende con estas medidas es en primer lugar dificultar el acceso a las redes de los menores, creo que no tanto por sus usos perversos sino porque el gobierno no es capaz de controlar sus contenidos y estos en buena medida no sólo no coinciden con su agenda educativa sino que la contradicen. Las redes establecen valores alternativos a sus idearios y estos parece que son mejor aceptados entre la juventud que los que pretende imponer, por lo que dificultar que puedan acceder a ellos implica eliminar una molesta competencia.
La persecución de la polarización en internet es también una moderna forma de volver a introducir la censura, en este caso entre los mayores, pues definir lo que es radicalismo o polarización no es fácil y dependerá siempre de la definición que nos de el que gobierne en cada momento. En algunos países de Europa del este, en el que los ciudanos no votaron lo que querían sus dirigentes, se ha impuesto este relato para también intentar sus contenidos. En cualquier caso la pregunta que habría que hacerse es porque muchso ciudadanos y jóvenes confían más en las redes que en el conocimiento “oficial” establecido por sus gobernantes. Y esta es una pregunta incómoda que no quieren ni pueden responder.
Contenido patrocinado
También te puede interesar