Manuel Fernández Ordóñez
¿Qué pasa con la vivienda?
Teniendo en cuenta que soy madrileño de nacimiento, suelo contemplar la festividad del Dos de Mayo con el cariño y el respeto que se merece el día grande de Madrid, basado en el recuerdo de una gesta popular que hizo héroes y víctimas al mismo tiempo a los patriotas sublevados contra la invasión de los ejércitos franceses que mandó a España el emperador Napoleón para engañar a Godoy y quedársela como tantas otras naciones conquistadas a tiro limpio. Los héroes del 2 de Mayo fueron fusilados sin proceso previo al día siguiente, y sus cuerpos reposan hoy en un diminuto cementerio próximo a la ermita de San Antonio de la Florida cruzando la vía del tren, que puede visitarse si uno tiene la suerte de coincidir con el guarda que lo cuida en nombre de una hermandad, y que es el único que tiene la llave de la verja y autoridad suficiente para abrirla. No es una tarea fácil pero yo tuve en este episodio la fortuna que me ha faltado en otros. Llevo años tratando de contemplar en vivo la colección de acuarelas firmada por los hermanos Bécquer conocida como “Los Borbones en pelota” depositada en la Biblioteca Nacional y no lo he conseguido.
Lo único que me queda por añadir a este sentimiento de madrileño en la diáspora que muestra su natural y legítimo orgullo por el comportamiento de aquellas honradas gentes del pueblo que se alzaron contra el francés con lo que tenían a mano, y acabaron voceando su sacrosanto derecho a la libertad frente a la boca gabacha de los cañones aquella noche tremenda que Goya se encargó de hacer eterna, es mi decepción por un proceso que se sucede de año en año y que explica sin aditivos ni colorantes en qué situación de tensión, absoluto desprecio a la convivencia, deslealtad y falta de respeto permanente a la ciudadanía, se celebran los actos correspondientes a esta fecha que deberíamos celebrar todos con orgullo y máxima consideración en sensata convivencia como muestra de gratitud y cariño a los que dieron la vida en pos de una vida mejor para las generaciones venideras. Pero no hay modo de que sea así. Este año también han saltado chispas, se han producido dos celebraciones y todo ha acabado como siempre. Y así, hasta el año que viene.
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