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No es cuestión de estar contento después de perder una final. Menos aún de todo un Open de Australia. Martín de la Puente no lo estaba. Se sentía molesto, frustrado y rabioso después de caer ayer ante Tokito Oda, el mejor tenista en silla del planeta (3-6, 6-2 y 6-2). Porque tuvo sus opciones para ganarle y porque sintió que puede competir contra los mejores del mundo de igual a igual. Por eso, una vez la amargura se disipe, quedará la confirmación de que el nuevo rumbo que ha dado a su carrera deportiva tras romper con su anterior entrenador en noviembre y hacer la pretemporada con el vigués Róber Rodríguez, que lo acompañó en Melbourne, es el correcto. Y que esta segunda vez en una batalla decisiva por un título de Grand Slam puede aumentar en los próximos meses y años.
Esa reflexión llegará cuando el dolor por perder se mitigue. Hasta entonces, Martín masticará ese cuarto juego del tercer set. Para llegar hasta ahí, antes habían pasado muchas cosas. Tantas que, en ese momento, ambos finalistas no estaban en la pista que habían comenzado a jugar tres horas antes. Porque la batalla empezó a cielo abierto en la Kia Arena y terminó bajo techo en la Margaret Court -la segunda en importancia-. La lluvia obligó al traslado, parón de 50 minutos mediante, después de dos sets intensos. En el primero, el vigués dio una exhibición al resto. Todas las devoluciones eran profundas, agresivas, muy incómodas para el japonés y así se llevó el primer parcial. La reacción del nipón vino en el segundo, con una gran subida de nivel al servicio.
Fue entonces cuando apareció la lluvia, el parón y el cambio de pista. En la reanudación, ambos mantuvieron su saque hasta el 2-1. Entonces surgió el momento de la verdad. Un juego durísimo, en el que el vigués malogró tres ventajas para anotáserlo y el nipón necesitó de cinco bolas de break para ganarlo. Con ventaja y bajo techo, Oda desató la tormenta de su pegada. El olívico no dejó de luchar, pero no pudo evitar la victoria de un Tokito que se convierte en el campeón vigente de los cuatro Grand Slams. Martín se va sabiendo que esto no es una casualidad. Que con este nuevo plan, tendrá más oportunidades. Por eso, el cielo puede esperar.
Como es lógico, Martín de la Puente estaba contrariado ayer en Melbourne. Acababa de perder una final de Grand Slam tras casi tres horas de batalla en pista, con un parón de 50 minutos y un traslado por el medio a añadir. “La verdad es que estoy dolido”, reconocía. “Siempre que se pierde una final, queda un sabor amargo de boca”, añadía el vigués en declaraciones a Eurosport y a la TVG.
La realidad es que el olívico jugó su segunda final de un major a un nivel muy alto contra el número 1 del mundo tras derrotar en semifinales al número 2 y, por el camino, al 6 y al 7. “Con el tiempo, le voy a dar más valor a esta semana”, reconocía el tenista olívico, que insistió en que en el futuro estará “más que satisfecho” con el logro pese a que, en ese momento, no terminaba de verlo claro: “No me gusta mucho este trofeo, pero creo que con el tiempo le tendremos mucho cariño por la semana de tenis que tuvimos aquí en el Open de Australia”.
Para finalizar, De la Puente se centró en lo que viene. “Estamos trabajando para darnos estas oportunidades y para poder jugar más seguido estas finales de individual”, subrayó. “Lo bonito del deporte es aprender, levantarse y volver a intentarlo. Es lo que vamos a hacer”, concluyó.
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