Carmen Tomás
No es por humanidad
En la vida, a veces hay que perder una cosa para poder ganar muchas después. Es lo que le pasó a Martín de la Puente en Melbourne. Cayó en su segunda final de Grand Slam después de pelearla hasta la extenuación contra el número 1 del mundo, con parones por lluvia y cambio de pista incluidos, y con opciones para habérsela llevado. Duele. Claro que duele. Pero cuando los nubarrones de la derrota se disipen, surgirá el brillante sol del futuro.
El vigués perdió el título, pero se ganó la posibilidad de poder optar a más en su carrera. Y de hacerlo con asiduidad. El nuevo Martín que se empezó a fraguar en diciembre en el Club de Campo de Vigo junto a Róber Rodríguez tomó forma en Australia. Allí, en las Antípodas, comienza una nueva historia. Un suelo firme por el que transitar hacia la presencia perenne en las rondas finales. Una senda segura hacia un tenista sólido, con herramientas alternativas para momentos diferentes y rivales distintos. La ruta hacia un mañana compitiendo de tú a tú contra Alfie Hewett -al que ganó en semifinales- y Tokito Oda -con el que claudicó en el duelo decisivo-.
Por eso, Martín aterriza hoy desde la otra punta del mundo con algo aún mejor que una final de Grand Slam: un camino. Hacia un tenista mejor, hacia más partidos por los grandes trofeos, hacia sí mismo. Porque el presente es solo la prehistoria que tendrá el futuro, al final del viaje está Martín de la Puente y su perseguido y anhelado Grand Slam. Seguro que lo veremos.
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