Desastre céltico para acabar el año

LEVANTE - CELTA

Ante el Levante, nueva derrota del Celta (3-1), que se hundió en el segundo tiempo tras adelantarse en el marcador. Termina como el peor equipo de Primera en 2019 y continúa en descenso.

santi alonso. vigo
Publicado: 23 dic 2019 - 02:14 Actualizado: 24 dic 2019 - 03:00
Morales apura en la carrera al céltico Aidoo durante el partido disputado ayer en el Ciutat de Valencia.
Morales apura en la carrera al céltico Aidoo durante el partido disputado ayer en el Ciutat de Valencia.

El Celta tiene dos caras distintas. Nada nuevo. Lo peor es que la buena da apenas para esbozar una leve sonrisa esperanzadora y la mala provoca pánico. Sus cimientos siguen siendo inexistentes y cualquier mal viento, siquiera cualquier mala brisa, lo tumba, lo revuelca en la nada, lo convierte en apenas una caricatura. Quizás es lo más justo cerrar un año pésimo con un partido mediocre. Quizás no se merece otra cosa un conjunto plagado de piezas lujosas sobre el papel que se convierten en paupérrimas sobre el campo. Otra oportunidad perdida que obliga a una segunda mitad de curso de resistencia para, otra vez, tratar de evitar el descenso. No hay más cera que la que arde. Y ésta abrasa. El equipo vigués salió bien, aguantó cuando el Levante igualó el juego y se vino abajo perdido en sus diatribas mentales, aumentadas por un par de decisiones erradas del árbitro. No es excusa. No las hay cuando en 18 partidos has sumado 14 puntos. No las hay.

Sorprendió el cuerpo técnico celeste, representado en el banquillo por Roger García Junyent ante la ausencia de su hermano Óscar, con un cambio de dibujo de salida, con tres centrales –los tres que había en la convocatoria–, dos teóricos carrileros –Mallo regresó en vez de Kevin–, tres centrocampistas

–los mismos de la pasada semana– y dos delanteros –Mina y Aspas–. Y lo cierto es que la variación sentó bien al juego celeste y mal al levantino en los primeros minutos. Aparecía mucho Lobotka y existía conexión entre las líneas de un equipo celeste que quería, tenía y trataba bien el balón. La actitud era de intensidad, obligando a los locales a perderse entre sus pensamientos para frenar un planteamiento que, tal vez, no esperaban.

Esas buenas vibraciones se trasladaron pronto al marcador, cuando un saque de esquina fue prolongado por Néstor Araujo de cabeza y rematado a gol en escorzo por Iago Aspas en el segundo palo. Ni el vídeo arbitraje quiso estropear esta alegría primera y el golpe dado por el central mexicano tras cabecear no fue considerado suficiente como para anular la acción.

En un escenario donde nunca se había perdido en Primera, el arranque era prometedor. Porque, además, el Levante no encontraba la manera de hacer daño. Sus veloces atacantes estaban cortocircuiteados por el buen planteamiento celeste incluso cuando, con el paso de los minutos, el balón estuvo ya mucho más compartido entre los dos equipos. Con todo, Rubén Blanco no tuvo que intervenir hasta que Morales pugnó por un balón con Costas, que salió despedido. El árbitro no señaló nada y la estrella local se internó en el área y cedió para que Roger rematara a gol, pero se topó con el meta celeste. Fue justo antes del descanso.

Comenzó la segunda mitad con el mismo equilibrio que cerró la primera. Pudo marcar el Celta, tras un robo muy arriba que Mina no supo concretar, y pudo hacerlo el Levante, con un remate rápido de Morales que de nuevo detuvo Rubén.

Pero el equipo vigués comenzó a apesadumbrarse, a ensimismarse como un preludio del miedo. La conciencia pareció atacar a la confianza de forma tan silenciosa como efectiva. Y la aparición sobre el campo de Borja Mayoral fue el pequeño empujón que necesitaban los célticos para tropezar en su propia zancadilla. Una pared del delantero exmadridista con Morales, que superó con su quiebro a Araujo y desestabilizó la poblada defensa visitante, acabó con una parada salvadora de Rubén, con el añadido de un balón muerto que Roger empujó a gol.

El punto sin retorno

Al Celta lo masacró entonces la culpa. Creció en su interior hasta apagar todas sus luces futbolísticas. Todas. Un apagón total. El miedo se adueñó de cada acción celeste, de cada balón que tocaba. Y ese temor se tradujo en enfado con el árbitro, Prieto Iglesias, cuando erró en dos acciones puntuales: una amarilla a Aidoo, cuando él había sido objeto de falta, propició un intento de Bardhi que se estrelló en la barrera; y un saque de banda que Araujo creyó de Mayoral y el colegiado no provocó un sainete defensivo celeste aprovechado por Toño, el mentado Mayoral y Roger en el remate a gol. En diez minutos de desazón, los celestes habían perdido el partido.

Porque el resto fue un ejercicio de autoconvencerse de que no estás muerto cuando tú mismo has cerrado al ataúd y puesto los clavos. Salieron Pione y Beltrán pero no hubo ni oportunidades. Fue un mero cumplir con el expediente hasta que el Levante sentenció.

Nada parece merecedor de ser guardado. Se duda de todo y de casi todos. Se pone en tela de juicio el estado físico de algunos y el mental de todos. Y mientras, la culpa corroe. Habrá que convertirla en quimioterapia. No hay más.

Levante:

Oier; Jorge Miramón, Postigo, Cabaco, Toño; Radoja, Rochina (Borja Mayoral, m.57), Campaña, Bardhi,;Morales (Coke, m.88)y Roger (Vukcevic, m.77).

Celta:

Rubén Blanco; Hugo Mallo, Joseph Aidoo (Pione Sisto, m.72), Néstor Araujo, David Costas, Lucas Olaza; Rafinha Alcántara (Fran Beltrán, m.72), Okay Yokuslu, Stanislav Lobotka; Iago Aspas y Santi Mina (Gabriel 'Toro' Fernández, m.81).

Goles:

0-1, m.11: Iago Aspas; 1-1, m.59: Roger; 2-1, m.69: Roger; 3-1, m.91: Borja Mayoral,

Árbitro:

Prieto Iglesias (comité navarro). Amonestó por el Levante a Roger, Bardhi y Borja Mayoral y por el Celta a Okay Yokuslu, Santi Mina, Joseph Aidoo, Iago Aspas, Brais Méndez (en el banquillo) y Néstor Araujo.

Incidencias:

Partido disputado en el estadio Ciutat de València, con unos 18.600 espectadores en las gradas.

Contenido patrocinado

stats