La ultraderecha y la homosexualidad
La ultraderecha y la homosexualidad
En la última reunión de la ultraderecha celebrada en el Parlamento Europeo, se defendió a la familia y se recomendó que los homosexuales participasen en terapias de conversión para la protección de la población civil, además de solicitarse cadena perpetua para este colectivo. Entre los participantes estaba Santiago Abascal (VOX). Debemos refugiarnos en la historia. La homosexualidad era aceptable en la vida griega y romana; en la sociedad griega no había censura en las relaciones homosexuales entre hombres. Como ejemplo, se citan las relaciones entre Alejandro Magno (culturalmente griego) y Hefestión, Agatón de Atenas y Eurípedes, o Aquiles y Patroclo. Por su parte, en la sociedad romana también era normal la homosexualidad entre hombres de estatus superior e inferiores o esclavos. Para los romanos, los hombres debían tener actitudes activas y no receptivas para no herir su virilidad. En detrimento de la Historia y legislación progresista en España, Santiago Abascal, antes de la reunión de la ultraderecha, ya llamaba “degeneradas” a ciertas personas pertenecientes al colectivo LGTBI+. Es difícil entender a un hombre sin escrúpulos, que no duda en transmitir bulos para obtener su objetivo; un hombre homófobo, contra el matrimonio y la adopción por parte de homosexuales, indeseable, opresor y antisistema. Tiene un pensamiento que retrocede años, que traspasa el límite de los derechos humanos y propone una metamorfosis radical de la sociedad actual. Sus tesis dinamitan el mundo en que vivimos. Son ideas que la sociedad debe rechazar, despreciando a su partido, VOX, al enfrentarlo en las urnas. Abascal y sus seguidores deberían, esto si, ser condenados al ostracismo.
Kênia Bonk Gimaiel
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