Atlántico
Experiencias
La vida es un constante devenir de experiencias. Desde que nacemos hasta que dejamos de existir, cada minuto de nuestro paso por este mundo queda registrado en nuestro cerebro. Nuestros ojos, oídos, sensaciones y reacciones son los grandes testigos de nuestra existencia.
Cada persona desarrolla una filosofía propia. Decidir tener pareja o hijos, viajar, vivir en distintas ciudades, cambiar de trabajo o jubilarse para dedicarse por fin a lo que uno desea forma parte de ese almacén íntimo de experiencias.
Otra cosa son las responsabilidades, a veces elegidas y otras impuestas por nuestros sentimientos: cuidar de familiares, acompañar a personas queridas, estar cuando alguien nos necesita. También esas cargas, visibles o silenciosas, acaban dando forma a lo que somos.
Todas las experiencias humanas son importantes, incluso las rutinarias. Sin ellas, la diversidad que caracteriza al mundo actual perdería sentido y las relaciones humanas se volverían más pobres. Aprendemos de nuestro prójimo a cada momento, no solo de quienes salen en los medios de comunicación. Ser persona es, en sí mismo, algo valioso, mucho más de lo que algunos parecen querer hacernos creer.
Vivir es dejar un legado, aunque sea pequeño y discreto, a nuestro paso por este mundo. No es mejor quien hace más ruido. La sencillez, la humildad y el deseo de seguir aprendiendo son, quizá, los mejores vehículos para enriquecer nuestro almacén de experiencias.
Pedro Marín Usón
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