Atlántico
Gladiadores con raqueta
La tertulia es, en esencia, un momento maravilloso para exponer ideas, pensamientos y experiencias personales, con el fin de someterlos al contraste respetuoso de quienes participan en ella.
Hace casi medio siglo, programas televisivos como La Clave reunían a tertulianos de muy diferentes signos políticos que, con calma y sin estridencias, defendían sus posiciones. José Luis Balbín moderaba aquellas mesas cuidando los turnos de palabra y evitando el choque personal, de modo que el espectador podía seguir los argumentos y formarse un criterio propio.
Tal vez pesara entonces la voluntad colectiva de mirar hacia el futuro tras la dictadura, pero el clima de esos debates resulta hoy casi irreconocible. Frente a aquel diálogo entre adversarios, la tertulia actual se ha convertido en un combate de relatos cerrados, donde el objetivo no es comprender al otro, sino derrotarlo ante la audiencia.
Los gritos, las interrupciones constantes y el desprecio a la palabra ajena impiden cualquier conclusión mínimamente útil. El moderador, lejos de templar el ánimo, a menudo alimenta la tensión, porque el ruido da audiencia y la crispación se ha vuelto un producto más de consumo político.
No es extraño, por tanto, que la polarización y la radicalización se hayan instalado en nuestra vida pública: los ciudadanos ven reflejado en la pantalla un espejo deformado donde solo caben bandos irreconciliables. Tenemos más medios tecnológicos que nunca, pero demasiadas veces el comportamiento recuerda al hombre de Atapuerca: gritos, insultos e incluso una violencia verbal normalizada que poco tiene que ver con el ideal democrático de sustituir la fuerza por la palabra.
Vivir no es solo soportar la carestía de la vida: es también aprender a escuchar a quien piensa distinto y aceptar que la discrepancia no es una amenaza, sino una condición de la convivencia. Recuperar tertulias donde prime el respeto, la argumentación y la curiosidad por el otro sería un buen primer paso para salir de esta jungla de decibelios y titulares.
Pedro Marín Usón.
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