Atlántico
Un sacerdote que se ha convertido en parte de su comunidad
Desde hace más de catorce años, D. José Antonio García Acuña ejerce su ministerio en las parroquias de Mondariz-Balneario, Vilar y Paredes. Durante todo este tiempo se ha convertido para muchos feligreses en mucho más que un sacerdote.
Se ha convertido en una persona a la que conocen personalmente, en quien confían y a quien acuden no solo en la iglesia. Su presencia forma parte de la vida cotidiana de estas comunidades.
Pero quizá la mejor manera de conocer a una persona sea observar cómo trata a quienes atraviesan momentos difíciles.
Después del comienzo de la guerra en Ucrania, José Antonio comenzó a ayudar activamente a las personas refugiadas. Les ayudaba a encontrar vivienda y trabajo, les proporcionaba ropa y otros bienes necesarios, las invitaba a su casa, les ayudaba a aprender español, organizaba excursiones y acercaba a las personas recién llegadas a Galicia.
En su casa, alrededor de una misma mesa, se reunían gallegos, ucranianos y representantes de diferentes nacionalidades. Para quienes se encontraban lejos de su hogar y de la vida que conocían, estos encuentros no eran solo una ayuda, sino también una verdadera muestra de que no estaban solos.
Su ayuda nunca ha estado condicionada por la nacionalidad o las creencias religiosas. Por ejemplo, una familia rusa contó que, durante un período en el que no tenía dinero ni siquiera para comprar pan, José Antonio simplemente les preguntó: «¿Habéis comido? ¿Tenéis hambre?» y les dio de comer. En otra ocasión, llevó de madrugada a una persona al hospital y permaneció a su lado durante varias horas.
Pero sería un error hablar de José Antonio únicamente como de una persona que ayuda a los refugiados. Para sus feligreses es, ante todo, un pastor que lleva más de catorce años viviendo cerca de sus comunidades, que conoce a las personas y que comparte con ellas sus alegrías y sus dificultades.
Por eso, la noticia de su traslado ha sido para muchas personas inesperada y dolorosa.
Entendemos que las decisiones sobre el nombramiento y traslado de sacerdotes corresponden a la autoridad diocesana. Pero queremos dirigir públicamente al Obispo de Tui-Vigo, Mons. Antonio Valín, una petición para que vuelva a considerar esta decisión.
Porque no se trata simplemente del traslado de un sacerdote de una parroquia a otra. Se trata de una persona que, durante catorce años, se ha convertido en parte de la vida de estas comunidades y alrededor de la cual se ha creado una verdadera comunidad humana.
Nosotros, feligreses y personas refugiadas, deseamos profundamente que D. José Antonio pueda continuar ejerciendo su ministerio entre nosotros.
Dmytro Zhekov
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