Un sacerdote que se ha convertido en parte de su comunidad

Publicado: 28 ago 2026 - 02:30
Cartas al director.
Cartas al director.

Desde hace más de catorce años, D. José Antonio García Acuña ejerce su ministerio en las parroquias de Mondariz-Balneario, Vilar y Paredes. Durante todo este tiempo se ha convertido para muchos feligreses en mucho más que un sacerdote.

Se ha convertido en una persona a la que conocen personalmente, en quien confían y a quien acuden no solo en la iglesia. Su presencia forma parte de la vida cotidiana de estas comunidades.

Pero quizá la mejor manera de conocer a una persona sea observar cómo trata a quienes atraviesan momentos difíciles.

Después del comienzo de la guerra en Ucrania, José Antonio comenzó a ayudar activamente a las personas refugiadas. Les ayudaba a encontrar vivienda y trabajo, les proporcionaba ropa y otros bienes necesarios, las invitaba a su casa, les ayudaba a aprender español, organizaba excursiones y acercaba a las personas recién llegadas a Galicia.

En su casa, alrededor de una misma mesa, se reunían gallegos, ucranianos y representantes de diferentes nacionalidades. Para quienes se encontraban lejos de su hogar y de la vida que conocían, estos encuentros no eran solo una ayuda, sino también una verdadera muestra de que no estaban solos.

Su ayuda nunca ha estado condicionada por la nacionalidad o las creencias religiosas. Por ejemplo, una familia rusa contó que, durante un período en el que no tenía dinero ni siquiera para comprar pan, José Antonio simplemente les preguntó: «¿Habéis comido? ¿Tenéis hambre?» y les dio de comer. En otra ocasión, llevó de madrugada a una persona al hospital y permaneció a su lado durante varias horas.

Pero sería un error hablar de José Antonio únicamente como de una persona que ayuda a los refugiados. Para sus feligreses es, ante todo, un pastor que lleva más de catorce años viviendo cerca de sus comunidades, que conoce a las personas y que comparte con ellas sus alegrías y sus dificultades.

Por eso, la noticia de su traslado ha sido para muchas personas inesperada y dolorosa.

Entendemos que las decisiones sobre el nombramiento y traslado de sacerdotes corresponden a la autoridad diocesana. Pero queremos dirigir públicamente al Obispo de Tui-Vigo, Mons. Antonio Valín, una petición para que vuelva a considerar esta decisión.

Porque no se trata simplemente del traslado de un sacerdote de una parroquia a otra. Se trata de una persona que, durante catorce años, se ha convertido en parte de la vida de estas comunidades y alrededor de la cual se ha creado una verdadera comunidad humana.

Nosotros, feligreses y personas refugiadas, deseamos profundamente que D. José Antonio pueda continuar ejerciendo su ministerio entre nosotros.

Dmytro Zhekov

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