Atlántico
Gladiadores con raqueta
Insumisión fiscal. Insumisión electoral.
Nadie votar. INSUMISIÓN.
Sobran políticos. Y las grandes emergencias que han calcinado España en los últimos meses lo han demostrado: la información y las decisiones tienen que ir de abajo a arriba, no al revés. La economía diaria lo dice desde siempre: si te ayuda tu vecino, compra también en su negocio. Apoya a tu gente, no a los que viven de ti.
En España afirmar que toda la clase política es igual no es exageración, es una constatación diaria. Prometen regeneración, pero gobiernan con las mismas trampas de siempre. PSOE y PP llevan décadas turnándose el poder, tirándose barro de corrupción mientras ambos se pudren en sus propios escándalos: Filesa, Gürtel, ERE, Púnica, Bárcenas, Koldo, Ábalos, Cerdán… fondos europeos dilapidados. La lista es interminable.
Los “nuevos partidos” nacidos con la bandera de la transparencia —Ciudadanos, Podemos, Sumar, Vox—, así como los independentistas de siempre que en Madrid se sientan cómodamente en el mismo sillón, han acabado reproduciendo los mismos vicios: luchas internas por sillones, opacidad en las cuentas, líderes que se eternizan o que huyen en cuanto pierden protagonismo.
Mientras tanto, la realidad nos golpea: sueldos de miseria, alquileres imposibles, listas de espera en sanidad que matan (una mujer se ha suicidado en una sala de urgencias), educación estancada, juventud desesperada. Y en el Congreso, el espectáculo: gritos, insultos, pactos rotos… como si fuera un plató de televisión y no la sede de la soberanía popular.
Y lo más trágico: los muertos del pueblo. Como Abel Ramos y Jaime Aparicio, de Quintana y Congosto (León), que dieron la vida en los recientes incendios, luchando junto a sus vecinos por salvar su tierra. Murieron como contribuyentes que lo dieron todo, incluso la vida. Y aún así, lo poco o mucho que dejen a sus herederos será devorado otra vez por el Estado en forma de impuestos de sucesiones, para seguir engordando las barrigas llenas de los políticos.
¿Y qué sí aprueban sin discusión? Sus privilegios: sueldos de lujo, dietas aunque vivan en Madrid, iPhones y tabletas de última generación, jubilaciones doradas, puertas giratorias en eléctricas y bancos. Y mientras, al pueblo se le pide sacrificio, paciencia y apretarse el cinturón.
La conclusión es clara: cambian las caras, cambian las siglas, pero la lógica del sistema político español es siempre la misma: prometer mucho, cumplir poco y vivir como reyes a costa del contribuyente.
Qué pena que no haya huevos —a los que este gobierno apela en su última campaña institucional— para una verdadera insumisión. ¡Insumisión fiscal! Porque yo, como empresario, estoy hasta los huevos de pagarle al llamado “Estado de bienestar” dos partes de todo lo que facturo… mientras ellos se ríen en nuestra cara.
Julio A. López. Contribuyente de Vigo
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