La labor invisible de quienes acompañan la responsabilidad pública

Publicado: 09 ene 2026 - 01:30

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Esta reflexión nace de una experiencia reciente y afortunada: conocer a Marta, esposa del presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda. Fueron minutos de conversación tranquila y sincera, sin artificios, en los que pude comprobar su cercanía, su sencillez y su bondad serena, esa que no necesita mostrarse para dejar huella.

En nuestra charla, apareció de manera natural un tema que a Marta le toca muy de cerca: Vigo. Nacida aquí, con su familia y su historia en la ciudad, Marta habla de Vigo con cariño, con orgullo, pero también con preocupación. Una preocupación constructiva: quiere que se valore más todo lo que la Xunta de Galicia aporta a la ciudad, en inversiones, proyectos y desarrollo, porque muchas veces los vigueses no perciben en su totalidad lo que llega. No lo dice desde la crítica, sino desde la convicción de que, cuando las instituciones y la ciudad trabajan juntas, Vigo avanza con más fuerza y solidez.

Ese amor y esa visión por la ciudad resumen muy bien la forma de estar de Marta en la vida pública: implicada sin ser invasiva, comprometida sin perder la prudencia. Y me hizo pensar en un papel pocas veces reconocido: el de las mujeres que acompañan a quienes ejercen responsabilidades políticas.

En Galicia y en España, solemos fijarnos en los cargos, pero rara vez miramos a quienes los acompañan desde la discreción, soportando también los costes personales, familiares y emocionales que conlleva la política. Escucha, comprensión, templanza y contacto directo con la realidad social: eso es lo que muchas veces aportan. No desde un despacho ni un atril, sino desde la cercanía, desde vivir la ciudad y sentir lo que sienten sus ciudadanos.

Y no hablamos solo de acompañar: estas mujeres aportan ideas, sugerencias, visión estratégica y observaciones que ayudan a tomar decisiones, desde el concejal de un pequeño ayuntamiento hasta el presidente de una comunidad autónoma. Sus aportaciones, sus apariciones y su trabajo en la sombra deberían ser más visibles, porque muchas veces no se perciben, pero son fundamentales para que la política funcione de manera equilibrada y humana.

Dar visibilidad a esta realidad no es cuestión de protagonismo ni de género, sino de madurez democrática. Reconocerlo es admitir que existen aportaciones que no aparecen en organigramas, pero que sostienen y enriquecen la acción pública. Y en el caso de Marta, también es reconocer a alguien que quiere a Vigo y que sabe, con claridad y generosidad, cómo hacer que la ciudad siga creciendo.

Quizá sea momento de abrir este debate con naturalidad, sin prejuicios y sin miedo. Porque una ciudad que reconoce lo que durante años ha permanecido en segundo plano es, sin duda, más consciente y más fuerte.

Julio A.L.C. (Vigo)

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