JUICIO EN VIGO POR LOS BILLETES FALSOS

Niega haber dado el cambiazo de 21.500 € con billetes falsos

El abogado de la acusación particular era también el hijo de la víctima  y testigo en la causa

La acusada negó en todo momento ser la autora de la apropiación indebida.
La acusada negó en todo momento ser la autora de la apropiación indebida.
Niega haber dado el cambiazo de 21.500 € con billetes falsos

 Una mujer acusada de desvalijar al anciano al que cuidaba, con el que tuvo además una relación sentimental, negó ayer haberse quedado con parte del dinero en metálico que la víctima recibía al mes por el alquiler de varias propiedades, concretamente 21.200 euros, así como con su pensión de 400 euros, que supuestamente cobró ella durante algún tiempo. La Fiscalía pide para esta mujer tres años de cárcel y una indemnización igual al dinero del que supuestamente se había apropiado indebidamente. Se da la circunstancia de que en el juicio, celebrado en la sección quinta de la Audiencia, el hijo de la víctima era también el letrado que ejercía la acusación particular y uno de los testigos de la vista.

M.C.G.B. negó en su declaración haber sustituido el dinero del que supuestamente se había apropiado con fotocopias de billetes, concretamente 42 de 500 euros y dos de 100. La acusada incluso aseguró que  se considera incapaz de distinguir los billetes falsificados de 500 euros  porque nunca había tenido uno y que los únicos que había visto eran los que guardaba la víctima.
Un experto de la Policía Nacional declaró como perito que los billetes falsificados y dos documentos imprimidos con la impresora que le fue intervenida a la acusada en su domicilio presentan "muchas similitudes" pero no puede determinar "al 100%" que salieran de la misma máquina. También dijo que las falsificaciones no se pueden considerar "profesionales", pero tampoco "burdas", como sostenía la Fiscalía, ya que por tamaño y color se corresponden con billetes de curso legal y el pegado de ambas caras estaba cuidado. 
La acusada recordó en el juicio que conoció a la presunta víctima, Manuel P., en un baile y que iniciaron una relación y convivieron por un breve espacio de tiempo en la casa de él. Luego, y una vez rota la relación, Manuel P. se fue a vivir a casa de M.C.G.B., con quien acordó que le pagaría unos 800 euros a cambio de cuidarle. Según el escrito de acusación, el anciano tenía disminuidas sus facultades, y en la vista oral trascendió que sufrió dos ictus, además de un infarto. Durante este periodo de convivencia, relató la acusada, el hijo de Manuel P. le entregaba al mes cantidades que oscilaban entre 2.000 y 3.000 euros por los alquileres de varias propiedades que tenía el hombre, y que no lo ingresaba en el banco porque tenía deudas con las entidades financieras. 

Además, explicó cómo acostumbraban ella y Manuel a contar los billetes antes de guardarlos en una cómoda y que él lo hacía "muy rápido" y que "siempre le faltaba, nunca le sobraba". Confirmó que cuando convivían como pareja en el piso del hombre en Moaña, éste se quejó de que le faltaban 17.000 euros, y que empezó a grabar conversaciones entre ambos porque "estaba hasta las narices" de que la acusara de que le robaba dinero, pese a lo cual continuó la convivencia de ambos. El problema que derivó en la denuncia se produjo, según la acusada, cuando el hijo de Manuel se presentó en la casa con la excusa de que iba a coger el dinero guardado en la cómoda para construir un chalé y que cuando empezó a contarlo y vio un billete falso de 500 euros el hombre al que cuidaba gritó "la mato" y que ella llamó a la Policía.

El hijo de Manuel P.,  en su calidad de testigo, señaló por su parte que empezó a desconfiar de ella desde el momento en que su padre le dijo que echaba en falta 17.000 euros y porque la juzgaba una persona "muy manipuladora", pero que  su padre la excusaba porque estaba enamorado de ella y que, de hecho, pese a ser una persona "desconfiada" tenía "una debilidad, las mujeres". El "detonante" que le animó a actuar y a ir a por el dinero que guardaba su padre de los alquileres fue que al ir al banco donde ingresaba la pensión de 400 euros comprobó que cada mes había un movimiento de retirada de todo el efectivo y que la cuidadora figuraba como persona autorizada en la cuenta. El hijo de Manuel P. señaló que enseguida se dio cuenta de que había billetes falsificados intercalados entre los de curso legal, tan solo con tocarlos. 

El tribunal reprodujo la declaración en fase de instrucción de Manuel, ya fallecido, quien ratificó sus sospechas de que la cuidadora le quitaba dinero desde que eran pareja, definiéndola como "una artista para hacer trampas y engaños". Las partes elevaron a definitivas sus conclusiones y el juicio quedó visto para sentencia.