La intolerancia tiene nombre y apellido, complicidad

La intolerancia tiene nombre y apellido, complicidad

Lo sucedido en el Valle de los Caídos estos días, sobre la actuación y comportamiento de un profesor universitario, Alfredo González Ruibal, de la Complutense de Madrid, quien recorriendo dicho recinto, en compañía de unos estudiantes de los EEUU, rebasó los límites de la tolerancia democrática, para entrar en lo más tenebroso y burdo de una dictadura comunista. Tal vez los citados estudiantes, se darían cuenta del grado de intolerancia que viven nuestros universitarios, que tratan de transmitirle a nuestra juventud, métodos y formas reñidas con el talante democrático, ofreciéndole en contrapartida, derechos sin coste de sacrificios y secuestrando sus valores. Como regalo añadido está intransigencia, vestida de intolerancia, que pretende confundir y traicionar, nuestra historia real.
No solo el hecho de retirarle las flores que un simpatizante de Franco estaba depositando en su tumba, acompañado de su saludo habitual, con la mano erguida, que para nada difiere con la del puño cerrado, que sus camaradas utilizan, mañana, tarde y noche, par ahomenajear a sus muertos y también a los vivos hoy. Pero los de Franco son tildados de fachas o terroristas, aquí está el apaño que unos hacen con su puño cerrado, que todos sabemos lo que significa y recuerda. Pero hay que impedir o condenar a como de lugar, la mano erguida del franquismo, y mientras tanto, la tolerancia y el respeto democrático para preservar la convivencia pacífica, se esconden, manipulan o traicionan para que forme parte del olvido.
Esta es la prueba evidente del momento político difícil que hoy vivimos, que alguien pretende utilizar para asaltar nuestro sistema democrático, con su intolerancia asimétrica, para imponer en España la revolución chavista del puño escondido, con la contribución y ayuda de muchos ficticios demócratas y algunos supuestos profesores. Yo le recomendaría al sr. Alfredo González, que esto que hizo con la tumba de Franco, lo repitiera ante los restos de Fidel Castro o Hugo Chávez. Tal vez la gracia le sería más costosa y complicada. Aquí no pasa nada, cuentan con muchos cómplices ocultos y jugando a la ruleta rusa.
Tal vez este señor sea uno más de los que durante los últimos treinta años, perturbaron la educación de nuestros hijos, contando para ellos con la mirada perdida y la complicidad de muchos progenitores y no digamos lo de los gobernantes de turno, que hoy se echan las manos a la cabeza y no la encuentran, al observar el lugar ocupa nuestra educación y el grado de conflictividad juvenil y social que vivimos, provocado por la abolición descarada y programada, del respeto,sacrificios y valores, aquellos que tradicionalmente imperaba en las aulas. Así trasladaron, sus consecuencias a los hogares, secuestraron a nuestra juventud y juguetean con su futuro. Ante este disparate, solo nos queda reaccionar positivamente, ayudándoles a volver a la realidad. ¿Alguien dará un paso al frente para el rescate de nuestra educación?
Los más sorprendidos por esta anormalidad antidemocrática y disfrazada de intolerancia, deberán ser los estudiantes de los EE.UU., que le acompañaban. Esta actitud inusual, retrógrada, fuera de lugar y xenófoba, no se produce en sus universidades y mucho menos el irrespeto a sus ex gobernantes, seas estos del signo y color que sean.  El respeto al adversario político marca la diferencia. Cuanto tendremos que cambiar y aprender para compartir y equipararnos con los países líderes en educación y respeto democrático. Sólo nos falta saber cual será la aptitud del rector de la Universidad Complutense, ante este desafío de intolerancia, expuesto por un profesor suyo.
Sin libertad, justicia y tolerancia, no olvidemos que sin ellas, jamás será posible construir un futuro de prosperidad, donde se potencia la democracia, la virtud personal y colectiva que posiblemente la búsqueda de la felicidad de la nación, en su conjunto, lo decía Jovellanos.