UNA RADIOGRAFÍA SOCIAL

El comedor de Vida Digna sirve 600 comidas los fines de semana

Ricardo Misa y uno de los voluntarios que trabajan en Vida Digna en sus locales de la calle Brasil.
Ricardo Misa y uno de los voluntarios que trabajan en Vida Digna en sus locales de la calle Brasil.
El comedor de Vida Digna sirve 600 comidas los fines de semana

 En la sede de la Asociación Vida Digna (Brasil, 54) el verano es "una de las peores épocas del año. De mayo a octubre se puede decir que tenemos que buscar la financiación donde sea porque hasta el otoño no llegan las ayudas de las instituciones oficiales". Pese a esta situación, las peticiones de personas en riesgo de exclusión social no paran. "Aquí atendemos a unas dos mil familias de la ciudad que reciben comida y acuden al servicio de ropero". Además, los fines de semana abren el comedor social que tienen en Teis y por el que pasan unos 600 usuarios entre el sábado y el domingo. Unas cifras que aumentan de forma imparable y que "nos está costando mucho esfuerzo mantener", explica Ricardo Misa, que reconoce que han llegado a poner dinero de su bolsillo para hacer frente a algún gasto hasta la llegada de las subvenciones. 
La experiencia de años al frente de esta ONG le permite asegurar que en estos momentos la peor cara de la pobreza se encuentra "entre los parados de larga duración que cumplieron más de cuarenta y, generalmente, originarios de aquí ya que muchos extranjeros ya regresaron a sus países. Para este colectivo de gente madura encontrar un trabajo fijo es misión imposible. Lo máximo que logran son pequeños ingresos que no sirven para estabilizar ninguna  economía". A este colectivo se unen aquellos que trabajan "pero que no llegan al salario mínimo y que después d pagar el alquiler y no tienen para nada más", comenta con preocupación, la misma que imprime a sus palabras cuando dice que "es complicado encontrar soluciones". Una situación desalentadora que además debe superar un handicap que para muchos parece insalvable. "Hay personas que nos llegan completamente desorientadas, sin saber dónde tienen que ir para pedir ayuda, cuando no están bloqueadas para poder orientarse en toda la maraña burocrática que significa pedir ayudas".